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¿Podemos imaginar que Frank Lloyd Wright, Louis Sullivan y Le Corbusier pusieran en escena, en estilo rapero, sus ideas sobre la arquitectura moderna, mientras al fondo Buffalo Bill los acompaña bailando, interrumpe ocasionalmente su actuación, la aprueba y les da órdenes, y que todo ello, a juzgar por las reacciones, sirva para reforzar la connoisseurship y la identidad nacional del público?
Eso es lo que ocurrió esta noche pasada en el escenario del Divadlo Na zábradlí, obviamente en un contexto checo. En el teatro de cámara que funciona a solo unos minutos del Puente de Carlos, la comedia musical Divadlo Gočár, «Teatro Gočár», del autor residente de esta institución Miloš Orson Štědroň, pone en escena a Josef Gočár, Pavel Janák y Jože Plečnik, los tres grandes arquitectos que en la década de 1910 crearon la arquitectura moderna checa. La escena es un estudio de arquitectura ficticio en el que trabajan juntos y en el que, tanto en diálogos como en arias, exponen sus principios arquitectónicos, acompañados por un brillante trío de jazz —batería, saxofón/clarinete y piano, este último tocado por el propio autor—. Los textos están llenos de chistes desternillantes, el público se parte de risa mientras se presenta de manera muy informativa la esencia de las corrientes de vanguardia checas, el Funcionalismo, el Cubismo y el Rondocubismo.

El cuarto papel de la obra es para la República Checoslovaca. Una joven que, según la nota del programa, «tiene un doble rol: por una parte, con su postura idealista, audaz y entusiasta es el símbolo de la joven república, mientras que, por otra, como ama de casa vulgar y agresiva, es la representante de la mezquindad checa». Comenta las arias sobre teorías arquitectónicas bailando, se entusiasma por los arquitectos y los reprende, les da órdenes y les reparte premios. Anuncia un concurso para la construcción de una iglesia, lo que da ocasión a que los maestros desfilen por el escenario con enormes maquetas de papel de sus obras maestras, la iglesia de San Wenceslao en Vršovice, la iglesia husita en Vinohrady y la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en Vinohrady también, e introduzcan, en una cantata jazzística, sus credos sobre la visualización arquitectónica de lo trascendente. Todo ello va acompañado por una quinta figura muda, la mirada protectora del presidente Tomáš Garrigue Masaryk, que, como los gatos de la suerte de los restaurantes chinos, agita el dedo durante toda la representación desde una enorme pantalla de televisión colgada en el centro del escenario.
Esta alegoría política muestra la importancia de la arquitectura moderna en la antigua Checoslovaquia y su vigencia en la actual República Checa. Tras la independencia del país en 1918, la arquitectura se convirtió en un elemento de identidad nacional, del mismo modo que el Art Nouveau nacional lo había sido dos décadas antes en otros países de Europa oriental. Los arquitectos modernos gozaron de un considerable apoyo político y las corrientes locales —en especial el Cubismo de Janák y el Rondocubismo de Gočár— fueron proclamadas «estilo nacional checoslovaco». El clasicismo moderno pasó a ser un rasgo definitorio de la imagen urbana y la estética checas —y, en menor medida, eslovacas—. Justo aquí, en un radio de quinientos metros alrededor del teatro, pueden verse al menos tres edificios importantes de cada uno de los tres maestros.
Esta presencia de lo moderno en el espacio público y en la mente pública explica la reacción de los asistentes y el éxito de la obra. Comprenden las alusiones a los elementos estilísticos y a edificios concretos de Praga y disfrutan de los resúmenes incisivos de las teorías de la arquitectura moderna. La obra, concebida como una broma retro, evoca y hace perceptible de un modo nuevo una época querida del arte y de la historia checas, al tiempo que incrementa la apertura del público hacia la arquitectura contemporánea. Lleva más de un año en cartel en el Divadlo Na zábradlí y sigue disfrutando cada día de un lleno total, despidiéndose con una enorme ovación. El sueño de todo arquitecto.




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