Llevo semanas planeando esta visita. Hoy por fin me decido, para no perdérmela antes de Irán. Está a veinte minutos de aquí en bici.
Kantstraße 76, librería Hedayat, llamada así por el Kafka persa. La puerta está cerrada; tengo que hacer señas a través del cristal al dueño que está dentro hablando por teléfono para que me deje entrar. Una rica selección de libros iraníes, tanto en persa como en alemán. «En la librería Saless de Teherán me recomendaron que viniera a echar un vistazo.» «Ah, sí, estamos en contacto constante. Así que esta es la librería; allí, a la derecha, nuestra editorial, Gardoon Verlag. Y aquí damos cursos dos veces por semana.» «¿Un curso de lengua?» Oh, no. Un taller de escritura, para persas. Aquí, en Berlín, se está formando una nueva generación de escritores; algunos de sus libros también los publicamos nosotros.» Hace treinta años, Abbas Maroufi fue condenado en Irán a veinte latigazos; entonces abandonó el país y se estableció definitivamente en Berlín. Muchos de sus libros están expuestos, incluidos cuatro en alemán. «¿Cuál le gusta más?» «Peykar-e Farhad, “El espejo de Farhad”, en alemán Die dunkle Seite. Ya conoce ese famoso escrito de Hedayat en el que el protagonista cuenta cómo intenta llegar hasta una mujer. Aquí, la mujer cuenta la misma historia desde su punto de vista. Pero lo que más les gusta a los lectores es la Symphonie der Toten. Es una historia persa de Caín y Abel, en cuatro movimientos sinfónicos, con una obertura.» «Me llevo los dos. Tengo curiosidad.» Añadí también Traditionelle persische Kunstmusik, de Nasser Kanani, editado igualmente por ellos. En la caja redondea generosamente a la baja, e incluso me da un libro más. «Este es un regalo, mi último libro. نامهای عاشقانه, Namehâye eshghâne, “Cartas de amor”, todo en verso, ya ve. Los poemas en letra normal son las cartas de la mujer; los que van en negrita, las del hombre.» «Kheyli mamnum, khoda hâfez, muchas gracias, que Dios le guarde.» «Khâkhesh mikonam, no hay de qué; el honor es mío.» Mientras me acompaña a la puerta, exclama: «¡Qué suerte! Justo está entrando el profesor Kanani.» Un encuentro así no es inusual en el barrio persa de Berlín, con sus cincuenta mil habitantes. El profesor se vuelve. «A este caballero le interesa la música persa. Acaba de comprar su libro.» «¿De veras?» El profesor me mira, conmovido y algo incrédulo. «¿De verdad le interesa la música clásica persa?» Me tiende la mano. «Viel Spaß.»





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