Hamburguesería Napoli

La lluvia cae a cántaros en la víspera de san Sebastián, en Palma. ¿Para qué íbamos a bajar a la ciudad, a ver los fuegos artificiales, la carne asándose en las parrillas de las plazas, si de todos modos la tormenta iba a deslucirlo todo? Subimos al antiguo barrio de pescadores y marineros de Santa Catalina, que desde hace poco un número creciente de bares y restaurantes intenta convertir —de un modo forzado y a costa de una fuerte gentrificación— en el barrio bohemio de Palma. En la esquina, una cafetería rebosa de luz, y delante de ella, sobre grandes braseros hechos con medios toneles de fuel, asan grandes piezas de carne, como se hace en toda la ciudad esta noche. Entramos a tomar algo. Detrás del mostrador hay bandejas de poliestireno, cada una con tres lonchas de carne, una salchicha con mejorana y dos finos chorizos. «¿Podemos asarlo también?» «Por supuesto». Tibor da la vuelta a la carne sobre las brasas bajo la lluvia, y yo sostengo los platos bajo el alero. La cafetería está llena de familias del lugar; los encantadores niños juegan en una mesita aparte. Tibor fotografía entusiasmado al patriarca mientras reparte una larga ristra de salchichas en platos de plástico. Al final pone tres piezas en un plato especial y nos lo trae a la mesa. «Bon profit!, que aproveche».



La víspera de san Sebastián en la Hamburguesería Napoli, Palma, 19 de enero de 2014. Grabación de Lloyd Dunn, fotografías de Tibor Nagy.
 

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