Shahmaran en la cisterna

La cisterna de Teodosio (c. 428–443) es la segunda más grande entre las 50–60 cisternas antiguas que aún se conservan en Estambul. Pero la número uno —la de Justiniano, junto a Santa Sofía, hoy conocida como Yerebatan Sarnıcı— le roba el protagonismo con su tamaño imponente y su atmósfera mística, así que a la de Teodosio no le queda otro remedio que usar algunos trucos para atraer visitantes. Por ejemplo, los espectáculos de luces que organizan allí con regularidad, cuyos andamios y proyectores ocupan el espacio incluso cuando no hay función, dándole al lugar un aire de plató cinematográfico.

Y también están las exposiciones que se celebran periódicamente en la cisterna. La actual gira en torno a Shahmaran. El concepto recuerda al de los Buddy Bears que invadieron Berlín o a las vacas decoradas que hace años causaron cierto revuelo en Budapest: la ciudad elige un animal emblemático, lo produce en plástico con forma simpática, y encarga a artistas populares que decoren cada pieza a su aire para luego colocarlas por distintos puntos urbanos. Aquí, esos «distintos puntos» son en realidad uno solo: la cisterna de Teodosio, hoy llamada Şerefiye Sarnıcı, y la plaza que se abre ante ella, la plaza Pierre Loti.

El hecho de que Estambul haya elegido a Shahmaran como emblema en esta ocasión demuestra lo importante que es esta figura no solo en el imaginario visual de Mardin y de Mesopotamia, sino en toda Turquía.

Junto a cada escultura hay una pequeña placa con el nombre del artista y un breve resumen del concepto decorativo. Una de las que más me llama la atención a primera vista es la de İsmet Yedikardeş. Su Shahmaran está cubierta de figuras coloridas que recuerdan el arte rupestre o figurillas prehistóricas: algunas imaginarias, otras claramente inspiradas en piezas reales vistas en yacimientos o museos de Anatolia. El texto explicativo presenta a Shahmaran como guardiana de la memoria del pasado mítico de Anatolia.

Es un concepto muy sugerente y, además, muy actual, en un momento en que la investigación sobre la Edad de Piedra y del Bronce en Anatolia avanza con gran impulso y con una avalancha de hallazgos fascinantes, desde Göbekli Tepe y otros complejos megalíticos cercanos hasta los antiguos reinos hitita y asirio.

Busco el nombre del artista y enseguida veo de dónde viene toda esa inspiración. İsmet Yedikardeş es originario de Mardin, y la arquitectura de su ciudad natal, junto con el patrimonio histórico de Mesopotamia, constituye el núcleo de su obra. Incluso encuentro un estudio en el anuario de 2023 de la Universidad de Mardin que analiza en detalle cómo utiliza estos elementos.

Según el estudio, Yedikardeş (cuyo apellido significa «siete hermanos») nació en Mardin en 1947 en la antigua familia de alfareros Beyt il-Kuvvak o Çömlekçiler. Aprendió el oficio y el sentido de la historia desde muy joven junto a su padre: «recuerdo que ya con 10 u 11 años hacía una estatua de Gilgamesh en arcilla». Estudió prehistoria y arqueología en la Universidad de Estambul, y se presentó varias veces a la academia de bellas artes, pero no fue admitido por falta de plazas, así que terminó formándose en pintura en la Universidad de Stuttgart. Allí ya vivía de la venta de sus obras y organizó exposiciones, en las que trasladaba sobre lienzo y cuero motivos del arte rupestre de Anatolia. Desde su regreso, se gana la vida importando electrodomésticos alemanes, mientras que la pintura la practica por pura pasión. Sus obras se inspiran sobre todo en el paisaje urbano de Mardin: una ciudad vertical, multicultural y multirreligiosa que trepa por la ladera, cuyos elementos combina y enriquece con motivos del arte prehistórico anatolio.

En este cuadro de 2005 se ven el minarete de la Gran Mezquita de Mardin y la cúpula de la madrasa Zinciriye, rodeados de diversos portales y ventanas tallados

Aquí vuelve a dominar el minarete de la Gran Mezquita; a la izquierda aparecen fachadas de palacios de Mardin y una imagen del Sagrado Corazón de Jesús procedente de una iglesia caldea, mientras que a la derecha se ven detalles de dos deidades características de Kültepe hacia el 2000 a. C. (debajo, un ídolo original de Kültepe del museo de Kayseri)

La imagen de la «ciudad vertical» —ya sea una ciudad real que asciende por una ladera como Mardin, donde algunas calles parecen superponerse, o una topografía desplegada en capas como en los mapas urbanos otomanos del siglo XVI de Matrakçı Nasuh— es un modelo muy potente en la pintura y la gráfica oriental y orientalista, desde las miniaturas otomanas hasta la ilustración fantástica contemporánea. Yedikardeş tenía muchas fuentes de inspiración más allá de la vista de su ciudad natal.

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