Cesta

Brumi nació en enero hace cinco años, el primero de once cachorros. Para Vidra, fue su primer—y, hay que decirlo, último—parto, así que casi no tenía leche y yo tuve que alimentar a los cachorros con biberón cinco veces al día, como hicimos en su momento con Muska.

Los cachorros fueron pedidos por nuestros amigos, pero Brumi nació con una displasia tan grave que decidimos quedárnosla. Nuestro veterinario nos dijo que sería mejor sacrificarlo, porque a partir de los tres años empezaría a decaer y sufriría mucho.

Brumi se durmió ayer por la mañana, cuando se apagó la computadora. A los cinco años, sin decadencia ni dolor, tras semanas de preparación y despedida de los demás perros, con ese suspiro tranquilo con el que los Terranova apoyan la cabeza, como diciendo «ahora todo está bien».

Nos despedimos de ella y damos las gracias con el poema que Wang Wei envió cuando nació.

PRIMERO se toma una mimbre,
y se la pone en agua, para que 
pierda altanería, se haga dulce,
mandible, y tenga amor;
luego se la trenza como un sueño,
y, cuando ya está hecho el cesto,
puede ponerse en él la ropa blanca,
unas frutas rojas, doradas, o un gatito.
A veces crujirá en la noche;
pero así se hizo el mundo,
y así, a veces, se lamenta.

 

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