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Para el mendigo tuerto que, de parada en parada, cantaba poemas de Rumi en el metro de Teherán, y que de un billete de mil tomans –unos cuarenta céntimos de euro– me devolvió quinientos, «porque esto es lo justo». Y no me permitió que lo fotografiara.

Sorud, violín de mendigo de Kerman, en el Museo de la Música de Teherán, con Mahmud Tabrizizâde haciéndolo sonar




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