Ya hemos escrito antes sobre cómo la zona que rodea el Gran Bazar de Estambul es en realidad mucho más estimulante que el propio bazar: una maraña de caravasares circundantes, con callejones sinuosos y pasadizos casi mágicos que conducen a los lugares más inesperados. No es de extrañar, entonces, que aquí uno se cruce ocasionalmente con fantasmas —al igual que en otros puntos, más arriba, en Eminönü, o al otro lado del agua, en Pera. No hace mucho, camino del Büyük Yeni Han, por la calle Tarakçılar —la calle de los vendedores de peines—, otra inscripción fantasmal llamó mi atención. Como descubrí más tarde, Yasin Karabacak también la comenta en su libro recientemente publicado sobre las inscripciones multilingües de Estambul (İstanbul’un çokdilli kitabeleri, 2024).
En la esquina donde la pequeña calle del hammam de Mahmut Paşa se encuentra con Tarakçılar, hoy hay una tienda moderna de ropa —pero por encima del rótulo actual aún se distingue la antigua inscripción.
En la cartela central aparece un texto árabe que subraya la prosperidad honesta y agradable a Dios:
الکاسب حبیب الله | علیك عون الله
[al-kâseb habibullâh | aleyke avnullâh]
Quien gana su sustento [de manera lícita] es amado por Dios | ¡Que Dios te ayude!
A ambos lados, una animada mezcla de alfabetos y lenguas sigue anunciando la antigua mercancía:
ΚΤΕΝΟΠΟΙΟΙ ΚΑΙ ΗΛΕΚΤΡΟΠΟΙΟΙ ΧΑΤΖΙ ΑΚΙΑΧ & ΥΙΟΙ
ԹԱՐԱԳԾԸ ՎԷ ՔԷՀՐԻՊԱՐԾԸ ՀԱԾԻ ԱԿԵԱՀ ՎԷ ՄԱԽՏՈՒՄԼԱՐԸ
[taraqji ve kehribarji haji agiah ve makhdumlari]
طراقجی و کهربارجی حاجی اکاه و مخدوملری
[tarâqjı ve kehribârjı hâjı âgiâh ve mahdumları]
FABRICANTS DE PEIGNES ET D’AMBRE HADJI AGHIAH & FILS
La multiplicidad de lenguas dice lo mismo al unísono —en griego, armenio, turco otomano escrito en caracteres árabes, y en francés—: aquí estuvo antaño la tienda de Hâji Âgiâh, que vendía peines de ámbar y sin duda otros costosos objetos de este material. No puede datar de mucho antes del cambio de siglo, ya que el han Biraderler —hoy Koçulu— que albergaba la tienda fue construido en 1898/99, a la sombra de un bloque comercial mucho mayor inaugurado pocos años antes, en 1895. El antiguo nombre de ese complejo todavía se proclama hoy sobre su entrada principal: Istanbul yeni çarşı, el Nuevo Mercado de Estambul. Aparece aún con este nombre en los mapas de seguros de principios del siglo XX de Charles Goad, aunque unas décadas más tarde sería rebautizado como Abud Efendi Han, en honor a su fundador, tal como indican los rótulos actuales. En los mapas de Jacques Pervititch ya figura este último nombre, mientras que Biraderler aparece como Narin Han.
Pero no nos alejemos demasiado de la tienda de Âgiâh. Según el directorio comercial Annuaire oriental, ya en 1907 sus hijos dirigían un establecimiento propio en las inmediaciones —e incluso menciona sus nombres: Hilmi y Cevdet.
La tienda de la esquina nos guarda otra sorpresa. Desde abajo no se percibe, pero si se suben unos cuantos escalones de la escalera que hay en frente del local, asoma otra inscripción justo sobre el rótulo moderno:
טאראקג֗י ו קי֗יחריבארג֗י חאג֗י ׃אקייאח ו מאחמומלירי
[taraqji ve qehribarji haji aqiah ve mahmumliri(!)]
El alfabeto es hebreo, pero la lengua no es el espanyol (judeoespañol, ladino) hablado por los sefardíes. Se trata, en cambio, de turco otomano —al igual que las versiones armenia y en caracteres árabes de la inscripción. Aunque los judíos sefardíes vivían en el Imperio desde finales del siglo XV, el uso del alfabeto hebreo para escribir turco otomano no estaba muy extendido, a diferencia del armenio o el griego. De más de tres siglos y medio anteriores al siglo XIX solo conocemos unos pocos ejemplos aislados: una crónica del siglo XVI y dos fragmentos de los siglos XVII–XVIII.
Fueron precisamente las reformas del periodo del Tanzimat, iniciadas en 1839, las que llevaron a algunos dirigentes de la comunidad judía a fomentar el aprendizaje del turco otomano. Para facilitarlo, empezaron a escribirlo en caracteres hebreos —y los periódicos parecían el formato más adecuado para difundirlo—. Así apareció Şarkiye (El Oriente) en 1864, Zaman (Tiempo) en 1872 (quizá inspirado en el judeoespañol El tiempo, lanzado el mismo año), Ceride-i tercüme (Revista de Traducción) en 1876 y Ceride-i lisan (Revista de la Lengua) en 1899. Se trata todavía de un campo poco estudiado, por lo que bien pudo haber otros intentos, aunque la mayoría parecen haber sido efímeros. El más duradero fue un quinto periódico, Üstad (El Maestro), que se publicó durante tres años, entre 1889 y 1891, en Esmirna (la actual Izmir). Su supervivencia pudo deberse a su carácter bilingüe, ya que se editaba tanto en judeoespañol como en turco otomano —aunque este último se reservaba principalmente para noticias nacionales e internacionales, crónicas locales, chistes y anécdotas, mientras que los textos de mayor interés para la comunidad se publicaban íntegramente en espanyol. Su editor fue Moïse Franco, quien en 1897 publicó la primera historia exhaustiva de los judíos del Imperio otomano en su Essai sur l’histoire des Israelites de l’Empire Ottoman depuis les origines jusqu’à nos jours.
El rótulo del señor Âgiâh escrito en letras hebreas no resulta, por tanto, tan evidente como podría parecer —ni siquiera en la Estambul multilingüe—. Sería fascinante poder consultar ejemplares de los periódicos mencionados (en especial el cronológicamente cercano Ceride-i lisan) para averiguar si quien transliteró el texto otomano a caracteres hebreos trabajó a partir de alguno de ellos. Incluso a partir de la sola inscripción se aprecian ciertas simplificaciones: las dos letras árabes para la k (ق, ک) se transcriben ambas como ק qof, y los tres sonidos distintos de h (خ, ح, ه) se reducen todos a ח het, pese a existir equivalentes hebreos. Una solución especialmente llamativa es la representación del sonido «j» (ج) mediante un punto colocado sobre la guímel —que recuerda a uno de los signos de cantilación del hebreo clásico utilizados para indicar acento (֗ revina)—, al igual que el signo similar a dos puntos que precede a «Aqiah» (׃ sof passuk). Por último, también se deslizó un error en la última línea: las letras hebreas deletrean «mahmumliri» en lugar del correcto «mahdumları» (sus hijos). Con una inscripción tan compleja, por supuesto, solo un maestro cantero evitaría por completo los errores. Esperemos que el señor Âgiâh nunca lo advirtiera.












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