El Buen Pastor de Nicea

Türkiye Today, uno de los mejores boletines sobre los emocionantes resultados de las excavaciones arqueológicas en Anatolia, y el portal arqueológico turco Arkeolojik Haber informaron el 10 de diciembre que se encontró un fresco del Buen Pastor bellamente conservado  en una tumba del antiguo cementerio de Hisardere, cerca de Nicea. Pero una réplica de cerámica del fresco ya había sido entregada dos semanas antes por el presidente Erdoğan al Papa durante su visita a Turquía.

El cementerio de Hisardere fue principalmente el lugar de entierro de familias acomodadas de Nicea entre los siglos II y V d.C. Este hipogeo, una cámara funeraria subterránea abovedada, podría haber pertenecido a una de aquellas familias. En la pared trasera oriental, en frente de la entrada, sobre la kliné elevada –el lugar simbólico o real del descanso del difunto– se pintó un pastor «al estilo romano» con túnica, de pie en medio de un prado verde y florido donde pastan carneros y con uno de ellos a hombros. Según la cronología estilística del cementerio, este fresco data del siglo III, antes de la legalización del cristianismo en el 312.

La parte frontal de la kliné está decorada con pájaros picoteando bayas, símbolos habituales del alma, mientras que la pared norte muestra a una pareja sentada en una mesa de banquete. Siguiendo la tradición visual etrusca, podrían estar participando en su propio ritual funerario, o quizá disfrutando de la bebida sin amargura de la vida eterna.

Lo que hace que el fresco del Buen Pastor de Hisardere sea especialmente significativo es que se trata de la única representación conocida de este motivo cristiano no solo en Anatolia, sino fuera de Italia.

En Italia, especialmente en Roma, fue el motivo cristiano más popular. Se conocen 114 representaciones solo en las catacumbas romanas, el doble que el segundo motivo más común, el profeta Jonás simbolizando la resurrección. También aparece frecuentemente en sarcófagos y como estatuas independientes en las cámaras funerarias.

Catacumba de Priscilla, siglo III

Sarcófago de los Tres Pastores de la Catacumba Praetextatus, c. 370–400, ahora en los Museos Vaticanos

Estatua de mármol a finales del siglo III o principios del IV de la Catacumba de Calixto, actualmente en los Museos Vaticanos

¿Qué podría haber significado el motivo del Buen Pastor para los cristianos de la época, si lo eligieron tan a menudo como imagen única o destacada sobre su lugar de descanso final?

La figura del Buen Pastor –como explica el gran antropólogo del Cercano Oriente y estudioso de la Biblia Kenneth E. Bailey (1930–2016) en su obra fundamental The Good Shepherd. A Thousand-Year Journey From Psalm 23 to the New Testament (2014)– es solo el episodio final, el 9º, de un periodo que abarca mil años desde el Salmo 23 hasta el Evangelio de Juan. Incluso se podría imaginar una precuela que nos muestre figuras similares de pastores de los antiguos imperios del Cercano Oriente.

Estatua sumeria de un «Rey-Pastor» en el Museo Nacional de Irak

Una metáfora repetida en las representaciones de los gobernantes del antiguo Cercano Oriente era figurarlos como pastores designados por los dioses para guiar a su pueblo y garantizar su bienestar. Como el gobernante sumerio Gudea (2140–2120 a.C.), que se llama sipa zid, el «verdadero pastor», en el texto fundacional del templo de Ningirsu :

«El gobernante dirigía su ciudad como si hablara a una sola persona. La tierra de Lagash estaba a su lado como los hijos de una madre. Abrió los grilletes, quitó las cadenas; restauró … , desestimó las acusaciones y encarceló (?) a los culpables merecedores de muerte [en lugar de ejecutarles].

Abolió el lenguaje del látigo y la vara, reemplazándolos con la lana de las ovejas. Ninguna madre gritó a su hijo. Ningún hijo respondió a su madre. Ningún esclavo recibió un golpe de su amo, ninguna criada malcomportada fue golpeada por su señora. … El gobernante purificó la ciudad, envió un fuego de limpieza. Expulsó a los ritualmente impuros … de la ciudad.»

Estatua sumeria de un «REy-Pastor» en el Fine Arts Museum de Boston

La Biblia radicaliza esta imagen haciendo que Dios sea directamente el verdadero pastor en el Salmo 23, rechazando que el bienestar y la libertad del ser humano dependan de cualquier pastor político, por benevolente que sea: «El Señor es mi pastor, nada me faltará…»

En un análisis detallado del salmo, Bailey utiliza su experiencia antropológica en el Cercano Oriente para mostrar que no es un idilio romántico, sino un viaje lleno de peligros. Los «pastos verdes» y «aguas tranquilas» representan supervivencia en el árido mundo del Cercano Oriente, no abundancia. El «valle de sombra de muerte» describe peligros reales y físicos. El pastor no es romántico, sino un protector activo. La escena final (hospitalidad, mesa, aceite, casa) simboliza fidelidad al pacto y aceptación final. La estructura del salmo es quiasma: en el centro está: «Tú estás conmigo.»

Esta imagen de Dios personificado como Buen Pastor se despliega y enriquece gradualmente en episodios posteriores. Jeremías 23, Ezequiel 34 y Zacarías 10 contienen la fuerte reprimenda de Dios a pastores políticos corruptos «que se alimentan a sí mismos en lugar del rebaño» y la promesa de la llegada de un verdadero Buen Pastor, que es Él mismo.

Jesús se basa en esta imagen en los Evangelios. En Lucas 15, dos parábolas consecutivas muestran al pastor buscando la oveja perdida y a la mujer buscando la moneda perdida, dando a entender que Dios –al mismo tiempo masculino y femenino, padre y madre– busca activamente a la persona en apuros y al encontrarla lo celebra en lugar de avergonzarla. En Marcos 6, siente compasión por la multitud «como ovejas sin pastor», se pone a su lado y les enseña. En Mateo 18, continuando la parábola de la oveja perdida, explica que ser pastor significa humildad y servicio. Finalmente, en Juan 10, declara explícitamente que Él es el Buen Pastor prometido en el Antiguo Testamento, y dará su vida por sus ovejas.

El motivo del Buen Pastor fue uno de los primeros clichés visuales usados en el cristianismo romano. Tuvo fácil el despliegue porque existían tipos de imágenes precristianas que podían reinterpretarse como el Buen Pastor. Uno de ellos era Hermes Kriophoros, llevando un carnero para proteger Tanagra de la peste. Como en muchos casos, el cristianismo temprano reinterpretó un motivo visual ya familiar, en parte para no llamar la atención y en parte porque los escultores y pintores lo tenían a mano. Pero el significado cambió drásticamente. El cordero destinado al sacrificio fue transformado en metáfora de los propios cristianos extraviados a quienes el Buen Pastor perseguía para dar con ellos. Así lo vieron en la oleada de conversiones de primera y segunda generación en el mundo pagano. Y también era imagen de quien dio la vida por ellos. De manera que bajo ninguna otra figura podrían encontrarse más seguros esperando la resurrección cuando se vieran con él cara a cara.

«¿Cuál era la religión popular de los primeros cristianos? Era, en una palabra, la religión del Buen Pastor. La bondad, el coraje, la gracia, el amor, la belleza del Buen Pastor eran para ellos, por así decirlo, libro de oraciones y artículos, credos y cánones, todo en uno. Miraban esa figura y les transmitía todo lo que deseaban.»

A. P. Stanley, Lectures on the History of the Eastern Church, 1859

Una de las representaciones primerizas del Buen Pastor en los inicios del arte cristiano monumental, en la luneta de la cámara funeraria de la emperatriz Gala Placidia a principios del siglo V en Rávena. Observamos el gesto delicado de la mano del pastor y el rostro confiado de los corderos que no apartan la vista.

En 312, Constantino el Grande no solo legalizó el cristianismo, sino que también decidió usarlo para reemplazar la debilitada religión pagana romana como apoyo a su trono y legitimidad. Sin embargo, dado que solo conocía esa religión moldeó la estructura del cristianismo como religión estatal a su imagen. A partir de una colección suelta de comunidades básicas formó una iglesia jerárquica similar al sacerdocio pagano romano, y el nuevo tipo de iglesia reemplazó la mesa de la cena comunitaria por la basílica, cuya estructura incorporaba procesiones de homenaje ante el gobernante. La diferencia es que la imagen del gobernante en la bóveda del ábside era ahora Cristo Pantocrátor reinando sobre el mundo. A partir del siglo IV, esta se convirtió en la imagen definitoria de Cristo, y el motivo del Buen Pastor gradualmente se relegó a un segundo plano en el arte y la teología cristianos. Solo representaciones ocultas y modestas, como las de Nicea, Rávena y Roma, atestiguan que sí existió y destacan su importancia en los primeros días del cristianismo.

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