
En la Czernowitz de cambio de siglo, la ciudad más oriental de la Monarquía —la «pequeña Viena» o, desde otra perspectiva, la «Jerusalén sobre el Prut»—, convivían cuarenta y dos nacionalidades, modelando así, a pequeña escala, la diversidad del Imperio austrohúngaro. El paralelismo es aún más acertado, porque los habitantes de la ciudad declaraban con orgullo, sin distinción de nacionalidad: «de todo el Imperio, el alemán más hermoso se habla aquí». En efecto, tras la desintegración de la Monarquía, aquellos poetas y escritores de la ciudad que no optaron por escribir en las lenguas de los estados sucesores, desde Paul Celan pasando por Rose Ausländer y Karl Emil Franzos hasta Gregor von Rezzori, se convirtieron en grandes figuras de la literatura alemana, antes de desaparecer ellos también, y de que la ciudad se convirtiera en Stadt der toten Dichter.
En la Czernowitz de cambio de siglo, las distintas nacionalidades aspiraban a desarrollarse no unas contra otras, sino una al lado de la otra. Las menores —serbios, griegos, armenios, búlgaros— tenían tradicionalmente sus centros culturales en sus iglesias y en las casas de los mercaderes y boyardos. Las más grandes, en cambio, tras el cambio de siglo levantaron sus propios Nationalhäuser, casas nacionales de cultura. Primero los rumanos, luego los polacos, los rutenos, los alemanes y, por último, en 1908, los judíos.

El Jüdisches Nationalhaus se construyó no lejos del Ayuntamiento, a lo largo del paseo que primero se llamó Fischplatz y más tarde, cuando todas las plazas de Czernowitz fueron bautizadas con nombres de miembros de los Habsburgo, recibió el de Elisabethplatz. En 1904-1905, en su centro se había edificado el nuevo orgullo de la ciudad, el teatro municipal, obra del estudio vienés Fellner y Helmer, que proyectó las cincuenta casas de teatro más representativas de la Europa central y del este. La «casa nacional» judía, situada en un lugar destacado —y estableciendo un diálogo formal con el teatro— fue diseñada por un arquitecto traído de Lemberg, T. Lewandowski. Repitió el aclamado motivo de los teatros de Fellner-Helmer: un monumental marco de columnas y arco que abraza varios pisos. Pero mientras el arco del teatro tiene solo dos plantas, el de la casa nacional judía une cuatro pisos, birlándole así literalmente el protagonismo al teatro. Aunque no está en la cabecera de la plaza, se convierte en su edificio más espectacular.


Desde finales del siglo XIX, esta zona fue el centro del judaísmo reformista, cuyos seguidores intentaban asimilarse y ascender hacia la élite de la ciudad, rompiendo con el centro ortodoxo tradicional establecido mucho más abajo, en la Synagogengasse junto al río Prut. La siguiente postal muestra, a la derecha del Nationalhaus, la gran cúpula verde de la sinagoga reformista, el «Tempel», y debajo de ella, el estado de la zona cuando el Fischmarkt aún no se había transformado en una plaza urbana representativa. El Tempel sigue en pie hoy. Aunque en 1942 los alemanes volaron su cúpula, no pudieron con sus muros macizos, de modo que lo dejaron a su suerte. En época soviética se transformó en un cine, que sigue funcionando, por lo que el ingenio de Czernowitz la bautizó como «la cinegoga».



Los soviéticos también se hicieron cargo de la casa nacional judía y establecieron aquí el centro sindical de los trabajadores textiles. Para que nada recordara a los antiguos constructores, retiraron todas las estrellas de seis puntas de la rica decoración interior del edificio. Entre otras cosas, serraron este motivo central del pasamanos de hierro de la escalera, con lo que la escalera se volvió peligrosa. Solo después de 1990, cuando el edificio fue devuelto a la comunidad judía (de tres mil miembros) de Czernowitz, se soldaron de nuevo las estrellas de David en la barandilla, de modo que ahora se puede subir la escalera con seguridad. Pero no necesitamos hacerlo, pues en los pisos superiores solo hay oficinas cerradas al público. El museo que conmemora a los judíos de Czernowitz y Bucovina está en la planta baja, a la derecha de la entrada.
En las dos salas del museo encontramos principalmente fotografías sobre las antiguas sinagogas, los cementerios y los miembros destacados de la comunidad judía. Entre los pocos objetos originales vemos en una vitrina este cartel de hojalata pintada, que a un ojo inexperto se le aparece como el rótulo de una posada, como si regresara ante nosotros la entrada de un viejo restaurante de pescado del antiguo Fischmarkt.

Sin embargo, Két Sheng ofrece un informe más exacto al respecto:
No es un rótulo comercial, sino una llamada mesa de Purim o mesa de Adar. Purim se celebra el día 14 de Adar y, como gozosa expectativa de la fiesta, en las casas judías suele colgarse, en la víspera del primer día de Adar, una tabla con esta inscripción hebrea: «Entra Adar, se multiplica la alegría» (Talmud de Babilonia, tratado Ta’anit 29a). Esto es lo que dice la línea superior, en letras rojas, de la tabla de Czernowitz («Mi-she-nichnas adar marbin be-simha»). Tradicionalmente, también se representan uno o dos peces en la tabla, porque Adar está bajo el signo de Piscis en el zodíaco. Esto está escrito en el texto en las letras azules de la tabla: «Adar, signo de los peces» («Adar mazal dagim»). La botella de vino a la derecha es un complemento alternativo de la composición, pues en Purim es una mitzvah [una buena obra meritoria] beber tanto que al final uno sea incapaz de distinguir a Hamán de Mardoqueo. El texto en yidis de la botella es especialmente gemütlich: «Lechaim, brider!»
«Reb Burech Bendit bebe lechaim», no lejos de aquí, en el escenario del teatro yidis de Czernowitz. Véase aquí
En la esquina inferior derecha de la tabla hay una fecha: (5)687, que corresponde al año civil 1927. La esquina inferior izquierda recuerda el nombre del artista: Yitzhak Eisikowicz.
La tabla tiene dos rasgos inusuales. Primero, que se hizo en metal esmaltado, no en papel; y segundo, que subraya de modo particular la invitación a beber. Sobre esta base, y por la fecha y la firma destacadas, sospecho que pudo haber estado colgada en un restaurante o tienda de vino.
Los restaurantes y tiendas de vino judíos abundaban en la Czernowitz de cien mil habitantes, la Jerusalén sobre el Prut. Proveer a tantos lugares de tablas de Purim al comienzo de Adar y renovar sus rótulos durante el año podría haber dado suficiente pan a una pequeña empresa de pintura.
Y esa pequeña empresa existió. Si descendemos a la orilla del Prut, a la antigua Synagogengasse, desde donde el Nationalhaus y el Tempel subían hacia la plaza principal, vemos una casita, en la misma acera de la gran sinagoga ortodoxa, el hospital judío, el mikveh y la sinagoga jasídica, lo cual muestra su importancia. Y en la fachada de la casa se puede leer un texto fantasma que ha sobrevivido a las adversidades del siglo, con el mismo nombre que en la tabla de Purim del museo: «J. Eisikowicz pintor de rótulos. Fundado en 1910».
El destino ha seleccionado misteriosamente qué preservar de la antigua Czernowitz judía.
Elmer Bernstein: Trinkt Le Chaim! (4'23") (De la película Thoroughly Modern Millie)





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