
Castelmuzio es un pequeño borgo, un pueblecito amurallado difícil de encontrar en el mapa de la Toscana. Tiene tres docenas de casas y doscientos habitantes, pero allí está todo lo necesario para una auténtica aldea italiana: una plaza pequeña con una iglesia medieval, callejuelas estrechas con pasajes abovedados y, por supuesto, gatos. Tiene un monasterio que fue el escenario de algunas escenas clave de El paciente inglés, y tiene una muralla de origen etrusco, con una hermosa vista sobre las colinas del Val d’Orcia, donde se filmaron escenas de Gladiator. Y tiene algo más.
En el extremo sur de la muralla, donde se abre ante nosotros todo el valle, hasta Pienza, hay una placita con mesas y sillas de hierro. Busco el bar al que pertenecen, porque es evidente que en un lugar pragmático como Toscana un empresario pragmático habría ocupado hace tiempo el sitio, en colaboración con el ayuntamiento, para que la gente pudiera disfrutar de la vista maravillosa a cambio de tomar algo como es debido. Pero no encuentro ningún bar. En cambio, encuentro un cartel que nos dice que los habitantes del borgo, los borghesi, han creado, por iniciativa propia y a su costa, un salón cívico en esta pequeña plaza sin nombre.
«Este salón es un lugar querido y creado por ciudadanos y empresarios locales que creen en la cooperación contra la apatía, en la civilidad contra la incuria, en el amora contra el egoísmo. Un lugar para encontrarse, para hablar, para guardar silencio, para pensar, para dejar perder la mirada en el mar verde de las colinas, donde «naufragar es hermoso» [cita de Leopardi].Salón Cívico de Castelmuzio»
En la placita, el wifi gratuito y el agua bendita más gratuita aún ayudan a conectarse a redes invisibles.

Y otra cosa también es gratis.

Una de las dos mesas tiene una cesta llena de cacahuetes. A primera vista, parece que alguien la ha dejado olvidada. Pero una pegatina en la mesa nos informa de que no es así. Esta es la cesta de cacahuetes del Salón Cívico, que se repone constantemente para los visitantes ocasionales.
«Los cacahuetes son una donación del Salón Cívico de Castelmuzio para TODO el mundo.Damos las gracias a la signora por no vaciar cada mañana el contenido de la cesta en su propia bolsa.»
Lo cual también prueba que toda cultura cívica tiene sus propios enemigos contra los que es necesario defender firmemente cada logro. Pero aquí, desde luego, se las arreglan bien.



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