
En la entrada El buen vino no necesita pregonero se perdió el aspecto gastronómico del tema. Es decir: ¿qué tipo de vino fue el que el ingenioso Ulises ofreció al Cíclope que había devorado a sus compañeros? ¿Y tiene razón Studiolum cuando teme la oferta de vino del Caffè del Centro en Piazza Armerina? Y, en general, ¿qué beber y dónde hacerlo si llegamos a esta parte de Sicilia?
Los mosaicos en los que se centraba la entrada representan una historia griega, cuyo episodio correspondiente transcurre en la Sicilia actual, de modo que no hablaré de vinos romanos, sino de vinos griegos, así como de bodegas italianas modernas.
En tiempos de Homero, en el siglo VIII a. C., ya existían asentamientos y poleis griegas en la isla, pero la viticultura era mucho más rudimentaria que en torno a las poleis de origen. Por eso Polifemo dice que, aunque él también tiene vino, este no puede competir con el néctar obtenido de Ulises.
«... cogiólo y bebió con deleite salvaje
todo el dulce licor y pidióme sin pausaotro cuenco:
"Dam más, no escatimes, y sepa yo al punto tu nombre;
te he de hacer un regalo de huésped que habrá de alegrarte;
nuestro fértil terruño también a nosotros da un mosto
de racimos egregios que nutre la lluvia de Zeus;
pero esto es efluvio de néctar y flor de ambrosía.”

Ulises llevaba vino consigo en su viaje, es decir, vino de Ítaca, y aunque la localización de la Ítaca antigua es hoy, como mínimo, discutida, podemos afirmar que, tanto si el vino procedía de la Ítaca actual como de la vecina península cefalonia de Paliki —que probablemente era una isla en aquella época—, se trataba de un vino dulce y fuerte, que los marineros diluían con agua de mar para beberlo. Hoy destacan entre las regiones vinícolas de Cefalonia las denominaciones DOP Robola, DOP Moscatel y DOP Mavrodaphne. Cada una designa una variedad de uva. La primera produce típicamente vinos blancos ligeros y secos, por lo que es la que mejor encaja con el consumo vinícola actual. La segunda es un clon local de una de las variedades más antiguas, el Muscat Blanc à Petits Grains, que da vinos dulces naturales y los llamados vinos dulces fortificados (en los que la fermentación se detiene mediante la adición de alcohol, conservando así el dulzor). Por último, el Mavrodaphne es un vino tinto naturalmente dulce, por lo que se acerca más a la antigua cultura vinícola griega, en la que los vinos dulces se elaboraban secando las uvas sobre lechos de paja tras la vendimia, concentrando así su contenido de azúcar. Después se prensaban, a veces se enriquecían con vino dulce previamente preparado, y se les añadían especias y agua de mar. El mejor ejemplo de este tipo de vino (aunque hoy ya no se añaden especias) es el Methyse 2004 de la bodega Foivos de Cefalonia, considerado uno de los vinos griegos mejor valorados de los últimos años. (Y también el vino Commandaria de los griegos de Chipre, que se sigue elaborando tradicionalmente de este modo hasta hoy).
Sin embargo, sabemos que Ulises no ofreció su propio vino al Cíclope:
«... llevaba
un gran odre de cuero cabrío repleto de un dulce,
vino negro que antaño me dieraMarón el de Evantes,
sacerdote de Apolo, el patrono de Ísmaro. Causa
fue el don el haberle dejado con vida ...»
Por desgracia, la antigua fama de la región vinícola IGP Ismaros, en Tracia, es más brillante que su realidad presente. Marón solo pervive en el nombre de un hotel balneario junto al mar, y en lo que respecta a los vinos no queda rastro de uno de los tintos más célebres, densos y dulces del mundo griego antiguo, el único que debía diluirse en proporción 1:20 (!) para no embriagar. (Con todo, sí recomiendo al menos una bodega local, donde no se elaboran tintos dulces, sino blancos secos, ligeros y modernos: Kikones).
Pero volvamos a las calles de Piazza Armerina, donde hoy en día ya no se ofrece vino griego. Apenas doscientos años después de Homero, en el siglo VI a. C., los vinos de la región no solo alcanzaron, sino que superaron la calidad de los vinos griegos. Esto se debe en parte a que los colonos griegos, quizá bajo influencia etrusca, comenzaron por primera vez en el mundo a plantar las vides en hileras, en cultivo en cepa, originando así la producción intensiva de vino. Los primeros pasos de este proceso ya aparecen en el escudo de Aquiles, en la Ilíada de Homero:
«Representó también un viña muy cargada de uvas,
bella, áurea, de la que pendían negros racimos
y que de un extremo a otro sostenían argénteas horquillas.
Alrededor trazó un foso de esmalte y un vallado
de estaño; un solo sendero guiaba hasta ella,
por donde regresaban los porteadores tras la vendimia.
Doncellas y mozos, llenos de joviales sentimientos,
transportaban el fruto, dulce como miel, en trenzadas cestas.
En medio de ellos un muchacho con una sonora fórminge
tañía deliciosos sones y cantaba una bella canción de cosecha
con tenue voz.»
Vendimia en la reconstrucción del escudo de Aquiles. Arriba, en la portada del Penny Magazine del 22 de septiembre de 1832; abajo, en la reconstrucción de Kathleen Vail.

Sicilia, la Magna Grecia de la época, era llamada también Oenotria, la «tierra de las uvas cultivadas en cepas». La calidad y la reputación de los vinos locales crecieron rápidamente, pero la historia de los vinos sicilianos actuales está influida al menos tanto por la cultura árabe de la pasa, la gastronomía normanda, las variedades etruscas de vid, el gusto romano y cartaginés, como por las tendencias actuales del marketing y la cocina italiana.

El Caffè del Centro mencionado por Studiolum no parece en realidad nada más que un bar mediocre aunque en TripAdvisor tiene una puntuación de 4,0 con 37 reseñas y en Google un 3,8 con 21, por lo que debe de ser un buen lugar para un bocadillo u otro tentempié. El bar de vinos con panadería está en la Piazza Garibaldi, pero el establecimiento original funciona en una calle estrecha más allá de la esquina (Via Guglielmo Marconi 2) y ofrece solo café y pasteles, quizá algún bocadillo. La mayoría de los puntos se pierden por la rapidez y la calidad del servicio. El vino solo se menciona una vez: un comentarista escribió este verano que el vino «local» era muy malo. Las comillas suscitan preguntas, pero lamentablemente el local no tiene carta de vinos en internet ni página web alguna. Aceptemos que el vino sea malo, ¿pero no es local? En Sicilia esto resulta casi inimaginable. ¿Qué es el vino local y dónde se puede encontrar en esta encantadora ciudad?
La región vinícola más cercana es Riesi DOC, al suroeste de la ciudad. La variedad más importante de sus vinos blancos es la Inzolia (también conocida como Ansonica), una uva que produce un vino blanco de sabor neutro o con notas de avellana. Muchos creen que es de origen griego, pero en realidad fue descrita por primera vez en 1696 (por el primer botánico siciliano, Francesco Cupani, en su Hortus Catholicus), y también se da en Cerdeña y Toscana. El Chardonnay francés también es importante aquí. Una de estas dos variedades debe estar presente en al menos un 25 % de cada Riesi Bianco, así como en los espumosos y en los vinos dulces locales (vendemmia tardiva).

En los Riesi tintos, las variedades más importantes son Nero d’Avola (a veces llamado Calabrese) o Cabernet Sauvignon. El Nerello Mascalese se utiliza sobre todo para vinos rosados. Los vinos superiores (Superiore y Superiore Riserva) solo pueden elaborarse con el Nero d’Avola local. Para una primera toma de contacto recomiendo el Riesi Rosso de la bodega Feudo Principi di Butera, un tinto relativamente sencillo pero muy bebible, de la añada 2015.

La región vinícola Cerasuolo di Vittoria DOCG, al sureste de la ciudad y de los mosaicos, también es conocida por sus variedades Nero d’Avola (Calabrese) y Frappato, que a menudo se comercializan juntas como cuvée. El Cerasuolo di Vittoria Classico DOCG 2015 de la Azienda Agricola Cos recibió una altísima valoración por parte de expertos internacionales, pero si también se es sensible al precio, conviene probar el Cerasuolo di Vittoria DOCG 2015 del Feudo di Santa Tresa (y no temer tampoco a las añadas más recientes).
Hasta ahora solo he recomendado vinos tintos. Veamos la situación de los blancos. Sicilia es una de las regiones vinícolas más conocidas del mundo, curiosamente más gracias a la Gattopardo de Lampedusa y al padrino de Marlon Brando que a sus vinos. La isla meridional evoca la idea de «región de vinos tintos», ¡cuando produce más vino blanco que tinto!
El Catarratto Antisa 2018 de la bodega Tenuta Regaleali (grupo Tasca, Conti d’Almerita) seduce con su acidez fresca y su aroma a ciprés, lo cual no es de extrañar, ya que las uvas crecen a 900 metros sobre el nivel del mar. Es el vino de los pescados y mariscos recién fritos o rebozados, y merece la pena repetir.

En cuanto al lugar, es decir, dónde tomarse una copa de vino en Piazza Armerina, la gente en internet recomienda claramente el Bla Bla Wine Bar en Via Garibaldi 89. Tiene una puntuación de 4,9 sobre 7 reseñas que destacan sus buenos vinos y su buen ambiente. Abre solo a partir de las 17:30, pero luego hasta la 1:00 de la madrugada. TripAdvisor le da un 5,0 sobre 19 reseñas, es decir, la mejor valoración disponible. No tiene página web y su Facebook no está actualizado, por lo que no pude encontrar carta de vinos. Pero si pides Catarratto (blanco) o Nero d’Avola (tinto), no te decepcionará. Y si mencionas las bodegas y los vinos citados más arriba, pensarán que eres un experto.
Solo ten cuidado de que tu cata no termine en kottabos, uno de los juegos de vino más famosos de la Sicilia antigua, que, si es verdaderamente auténtico, cuenta con la asistencia de un joven sirviente devoto que solo lleva una guirnalda de flores en la cabeza y vuelve a colocar la plastinx en su sitio y rellena las copas de vino…






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