Paisaje después de la batalla. El comedor barroco de la Abadía y Colegio Benedictinos de Pannonhalma, en el oeste de Hungría
«La última familia siria se fue esta mañana. Los voluntarios la trajeron aquí anoche desde la autopista; se ducharon, comieron, durmieron aquí. Era una familia grande, con muchos niños, pero solo algunos eran suyos, al resto los adoptaron por el camino. El padre es periodista, la madre, profesora de inglés. Y no se habían duchado en treinta días. Ya ve: no son indigentes, no están acostumbrados a esto. Y durante treinta días no tuvieron un lugar donde poder ducharse. Por la mañana vinieron los voluntarios austríacos en un minibús y los llevaron al otro lado de la frontera.»
«El ejercicio espiritual de nuestros estudiantes está teniendo lugar ahora mismo; esto exige mucho por la tarde a los profesores supervisores. Por la tarde fuimos a hacer una excursión por las montañas; ahora, después de la liturgia de las Horas, les comentaré una película y luego les resumiré la situación de los refugiados.» «¿Cómo la resume?» «Bueno, ya sabe, los medios —los progubernamentales— miran esta situación desde una perspectiva absolutamente ajena a nosotros. Y verá: nuestros estudiantes son muy inteligentes y críticos, y están llenos de preguntas. Y yo respondo a sus preguntas de manera clara e inequívoca.»
San Martín comparte su capa con el mendigo. Fresco sobre la puerta meridional de la iglesia abacial de Pannonhalma
«Por lo general invitamos a un prelado húngaro o a un político al gran ejercicio espiritual anual. Ahora hemos invitado al cardenal Péter Erdő y al presidente de la República. Y en ese momento los estudiantes tienen una hora para preguntarles. Y nuestros estudiantes son muy buenos preguntando. Yo no querría estar en el lugar del señor cardenal y del señor presidente.»
«San Martín es el santo protector de nuestro monasterio. Fue en su honor como el rey san Esteban lo fundó hacia 1001. Cada año, antes del día de san Martín, tenemos una semana entera de ejercicio espiritual en su espíritu: el de partir la capa por la mitad sin preguntarse si el mendigo había caído en esa situación por culpa propia. Esta vez hablamos durante una semana sobre ellos, sobre los que viven en la necesidad; sobre lo que hizo Martín, lo que haría Cristo y lo que deberíamos hacer nosotros en tales situaciones. Leemos, vemos películas, las discutimos. Los estudiantes montan un mercadillo, cocinan, lo venden todo y, al final, entregan el dinero recaudado al grupo del que hemos hablado. Porque cada año hablamos de un grupo distinto: las personas con discapacidad, los gitanos, los ciegos, los vecinos que viven en extrema pobreza. Y este año, los refugiados.»



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