Si tomas un taxi en Teherán y, antes de sentarte en él, haces la obligatoria pregunta: chand mishe, cuánto va a costar, hay muchas posibilidades de que el conductor no diga nada, y en lugar de ello te muestre el billete cuyo valor quiere recibir al final del trayecto. En efecto, hablar, como sabemos por El principito, es una fuente de malentendidos, especialmente en Teherán. Porque, si dijera una cantidad, la diría en toman, que es un cero menos que la cantidad impresa en el billete en rial. Así, en la discusión posterior al viaje, ambas partes se sentirían estafadas: el turista, porque el conductor reclama diez veces la cantidad acordada al principio, y el conductor, porque el turista quiere dar solo una décima parte de la cantidad acordada.
El toman como moneda fue introducido en Irán por los íljanes, los descendientes de Gengis Kan, los gobernantes mongoles de Persia. Esto lo indica el origen mongol de su nombre, que significa «diez mil». Tantos soldados constituían una unidad básica del ejército de los pueblos mongoles y túrquicos, y tantos dinares componían un toman de oro, el tálero real de los íljanes. La moneda de plata de cambio entre ambos era el rial, de los cuales ocho hacían un toman hasta 1825. Ese año, los gobernantes qajar introdujeron el qirán como moneda de plata de cambio en lugar del rial. El nombre de este último quedó así disponible, y más tarde lo utilizó el shah Reza Pahlaví cuando, en 1932, con la introducción del sistema decimal, reformó también el sistema monetario, eligiendo el nombre rial para su unidad básica.
Los billetes de 500 riales de los dos shahs Pahlaví, padre e hijo, de una tienda de antigüedades en el bazar de Isfahán
Sin embargo, la memoria colectiva es más conservadora de lo que pensamos, y ha conservado la idea de que el rial es en realidad una moneda de cambio que necesita una unidad superior. Por ello, los persas siguen contando en tomans, en esta unidad financiera oficialmente inexistente, que vale diez veces el rial; así, por ejemplo, a un billete de cien mil riales lo llaman diez mil tomans.
Para hacer el recuento aún más complicado, después de 1979, la revolución islámica, una enorme inflación barrió el país, debida principalmente a los miles de millones de dólares de capital rescatados de Irán. Los precios se multiplicaron por miles, aparecieron varios ceros en los billetes, y aún hoy no han desaparecido. Sin embargo, el habla común corta los ceros finales de las cantidades expresadas en tomans. Por tanto, si algo en el bazar cuesta, digamos, diez tomans (por ejemplo, medio kilo de buenísimos pistachos), significa diez mil tomans «reales», y esperan a cambio un billete de cien mil riales. Las cantidades en tomans, libres de ceros superfluos, a veces se llaman jomeinis (es decir, la bolsa de pistachos anterior serían diez jomeinis), pero esto no está extendido.
Y, por si no fuera ya bastante complicado, además hacen que todos los billetes sean más o menos idénticos. Aparecen en diversos colores pálidos; cada uno tiene a la derecha el retrato del imán Jomeini, y arriba en el centro un número con un montón de ceros. Veamos las siete pequeñas diferencias. Los ejemplos fueron fotografiados con estilo sobre las colchas de mis distintos hoteles en Irán.


Los billetes de cinco mil y cincuenta mil riales (quinientos y cinco mil tomans) son ambos de color naranja. Comprueba el reverso. El pequeño tiene una vasija cerámica persa medieval; esto son unos doce céntimos y medio de euro, es decir, una botella grande de agua mineral. El grande, que vale 1,25 euros, muestra un mapa mudo de Irán y, en consecuencia, esto es lo que suele costar un trayecto en taxi de cualquier sitio a cualquier otro (también porque para el taxista es lo más fácil simplemente mostrar cinco dedos).


Los billetes de diez mil y cien mil riales (mil y diez mil tomans) vienen en tonos verdes. El pequeño tiene el monte Damavand en el reverso; esto son veinticinco céntimos de euro, y vale por dos tazas de té en una casa de té, o un billete de ida y vuelta en el metro. El grande tiene la traducción al inglés de un hermoso poema de Saʿadí y la tumba de Saʿadí en Shiraz y, en consecuencia, con él puedes comprar un buen CD de música clásica persa, o una entrada para uno de los monumentos tan publicitados.

El billete de veinte mil riales (dos mil tomans) es el más fiable, porque no tiene hermano mayor. Su color es azul, y su reverso muestra la plaza principal de Isfahán, con las dos obras maestras construidas por el shah Abbás el Grande: la Mezquita del Imán y el palacio de Ali Qapu. Su valor es de 50 céntimos de euro, es decir, un gran vaso de yogur, o la donación recomendada en una mezquita o a un mendigo.
En 2008 se sugirió que se cortaran cuatro ceros a los billetes de rial, para convertirlos en cantidades manejables. Según la costumbre persa, sin embargo, el resultado fue una complicación adicional del sistema. La reforma no se llevó a cabo, pero emitieron dos llamados «cheques de viajero» por valor de quinientos mil y un millón de riales (cincuenta mil y cien mil tomans), que en la práctica se usan como billetes. El número impreso en estos, no obstante, es simplemente 50 y 100, de modo que solo puedes adivinar cómo se llaman, porque como toman deberían tener tres ceros, como rial, cuatro. Al entrar en Irán te encuentras por primera vez con estos billetes sin nombre, porque en el primer cambio de dinero te los ponen en la mano.


El billete de cincuenta ???-es (quinientos mil riales, cincuenta mil tomans) vale 12,5 euros, el precio de una buena cena para una persona en un buen sitio. Este existe en dos versiones; acabo de ver la nueva por primera vez.

El billete de cien ???-es (un millón de riales, cien tomans) vale 25 euros. Es una cantidad tan grande que no recuerdo nada que se pueda comprar con ella.

A veces, como dinero de la fortuna encontrado en el suelo, también te tocan algunas monedas, por ejemplo cuando te devuelven cambio de un billete en una tienda de comestibles. Vienen en valores de mil y dos mil riales (cien y doscientos tomans), con varios diseños distintos en el reverso. Yo suelo apartarlas como monedas de la suerte, aunque solo sea para no lastrar el bolsillo. Justo esta mañana, al salir para la preparación de nuestra gira del año que viene en Kurdistán, me dieron una moneda de dos mil riales nueva, brillante, con un diseño hasta ahora desconocido en el reverso. Lo considero un buen augurio.



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