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Al menos para los judíos. Llegaron en el siglo XVI desde el Estado Pontificio, en la Maremma, en el territorio de Sovana y Sorano. Sin embargo, el decreto de 1619 de Cosme II de Médici los expulsó de sus casas y los obligó a trasladarse a Pitigliano. Sus puertas eran golpeadas con palos como aviso de desalojo, y los judíos de Pitigliano lo han recordado incluso siglos después con el pastel llamado sfratto, «desahucio», hecho con miel y nueces, piel de naranja y anís.

Pitigliano, ciudad de toba de origen etrusco, es una de las más bellas localidades italianas. Situada en la frontera entre la Maremma toscana y el Lacio, fue llamada «Pequeña Jerusalén» por la importancia de la gran comunidad judía que se estableció aquí desde mediados del siglo XVI. Eran en su mayoría judíos sefardíes empujados a este rincón de Toscana por la bula de 1555 del papa Pablo IV. El decreto les ordenaba vivir solo en determinadas calles, para evitar su contacto con la población cristiana, institucionalizando así el gueto, y debían vestir de manera distintiva. Más tarde estas directrices fueron introducidas también por Cosme II de Médici, y los judíos del Gran Ducado de Toscana tuvieron que trasladarse a Pitigliano, en el condado de los Orsini. Estos se mostraron dispuestos a acoger a la rica y culta comunidad judía, que aceptó los terrenos pantanosos que se les asignaron, infestados de malaria.
En Pitigliano, los judíos se adaptaron bien a la comunidad local y gozaron de una libertad de comercio y de oficios que no se concedía en otros lugares. En 1571 se les autorizó a abrir un banco de crédito, y los judíos que trabajaban allí podían no llevar signos distintivos y tenían derecho a la autodefensa armada.
Su sinagoga fue construida en 1598. Tras la anexión del territorio al Gran Ducado de Toscana, se creo el gueto, se limitó su actividad comercial y se les obligó a llevar la insignia amarilla. El banco de crédito fue cerrado y las condiciones de los habitantes del gueto fueron empeorando poco a poco. En los siglos XVII y XVIII, los judíos que huían de Castro se incorporaron a Pitigliano, que siguió siendo así la única comunidad judía de la Maremma. Con la llegada de los Habsburgo en 1765, la comunidad recuperó sus derechos y alcanzó una plena integración con la comunidad cristiana local, hasta el punto de que fueron los católicos quienes impidieron la destrucción de sus casas durante la revuelta antifrancesa de Viva Maria. La comunidad alcanzó su apogeo en el siglo XIX. Establecieron una escuela donde judíos y cristianos estudiaban juntos, tenían su propia biblioteca y un instituto para el cuidado de los judíos pobres. Algunos personajes clave del judaísmo italiano nacieron en Pitigliano, entre ellos los hermanos Servi, fundadores de la revista Vessillo Israelitico, y el rabino Dante Lattes, fundador de la editorial homónima, que tuvo un gran peso en la difusión de la cultura judía en Italia.
La progresiva normalización de la comunidad judía de Pitigliano fue probablemente la causa principal de su dispersión. En 1931 contaban ya solo con 70 miembros frente a los 400 del siglo anterior, y estaban subordinados a la comunidad mayor de Livorno. Las leyes raciales de 1938 tampoco los perdonaron. Hoy solo quedan cinco judíos en Pitigliano.
No obstante, el antiguo barrio judío se conserva intacto y puede visitarse, incluyendo el baño ritual femenino, que utilizaba el agua curativa ya explotada por los etruscos, la bodega, el matadero kosher, la panadería de pan ácimo, el taller del tintorero, la cisterna y, no menos importante, la sinagoga. Construida en 1598, fue restaurada en los siglos XVIII y XIX, así como en 1931. Su fachada está adornada con estucos rococó. En el momento de su cierre en 1956, el arca de la Torá fue trasladada a la sinagoga de Karmiel, en Israel. La última restauración se realizó en 1995 a expensas del municipio de Pitigliano, y hoy vuelven a celebrarse oficios en la sinagoga.
El patrimonio judío y la pequeña exposición permanente de cultura judía están gestionados por la «Asociación Pequeña Jerusalén». Está en marcha una activa campaña de recaudación de fondos para la restauración del cementerio judío, situado bajo el cantil de toba de la ciudad. Cuenta con unas 280 tumbas. Una pequeña tienda a la entrada del gueto vende productos kosher, incluido el ya mencionado sfratto, el pastel típico de Pitigliano.
Sfratto, Desahucio, para cuatro personas. Ingredientes:
200 g de harina, 100 g de azúcar, una pizca de sal, 1 dl de vino blanco, 6 cucharadas de aceite de oliva, 4 clavos, 150 g de miel de la Maremma, canela, nuez moscada, 200 g de nueces trituradas, semillas de anís, piel de naranja, vainilla, huevo.
Preparación:
• Media hora antes de preparar la masa, poner la miel a fuego bajo y calentarla suavemente
• Añadir la piel de naranja, las semillas de anís, las nueces, la canela y la nuez moscada.
• Preparar la masa mezclando harina, aceite de oliva, vino, azúcar, vainilla y la yema de un huevo.
• Estirarla fina y cortarla en tiras de unos 25 cm de largo y 6-7 cm de ancho.
• Rellenarlas con la mezcla de miel, que entretanto se habrá enfriado.
• Enrollar las tiras formando bastones. Meterlos en el horno a 170 °C durante 15 minutos.


En Sorano, solo han quedado algunos rastros de la presencia judía: la via del Ghetto, el molino de aceite, los aldabones de las puertas del antiguo edificio que hoy alberga la Locanda Aldobrandeschi, y el cercano antiguo granero desde donde se concedían «préstamos de trigo» a los judíos. La antigua sinagoga fue convertida en una sala para eventos culturales.



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