Mensajes desde Mesopotamia

A partir de las ilustraciones de nuestros libros de historia, podría parecer que las inscripciones que nos han quedado del Antiguo Oriente contienen principalmente el autobombo del gobernante en ejercicio quien intenta fijar su excelsa imagen por encima de la de todos los demás. Como ocurre en esta estela conservada en el Museo de Pérgamo en Berlín, hacia 820 a. C., en la cual Kilamuwa, rey de Samʿal, menosprecia a sus propios antepasados:


«Yo soy Kilamuwa, hijo del rey Chaya. El rey Gabar gobernó sobre Samʿal, pero no logró nada. Luego vino Bamah, y no logró nada. Luego estuvo mi padre Chaya, pero no consiguió nada. Luego estuvo mi hermano Shaʿil, pero tampoco consiguió nada. ¡Pero yo, Kilamuwa, hijo de TML, lo que yo logré, ni siquiera mis predecesores lo lograron!» (Traducimos desde J. C. Gibson, véase el texto completo aquí)

La estela de Kilamuwa fue escrita en letras arameas, pero —de forma excepcional— en lengua fenicia

El reino de Samʿal floreció aproximadamente donde estoy escribiendo esto, cerca de lo que hoy es Gaziantep, en el sur de Turquía. Fue uno de los pequeños Estados-ciudad arameos/neo-hititas que surgieron como resultado del declive momentáneo de los grandes poderes hitita y mesopotámico circundantes tras el año 1200 a. C., en el punto de unión entre las tierras altas de Anatolia y las llanuras, para ser absorbido luego por el imperio asirio en ascenso en el siglo VII a. C. (Ya he escrito sobre la exploración aventurera de uno de estos pequeños reinos, Guzana/Tell Halaf.) Las imponentes ruinas de su capital bajo la colina de Zincirli fueron excavadas a partir de 1888 con cooperación alemana y posteriormente estadounidense. Parte de los hallazgos se exponen en el Museo de Pérgamo de Berlín, mientras que la otra parte se encuentra en los museos de las ciudades del sur de Turquía, que estamos visitando ahora mismo. Estos excelentes pero poco conocidos museos aportan mucho a los objetos más conocidos de la exposición aramea del Pérgamo.

Reinos arameos/neo-hititas del norte de Mesopotamia hacia el año 1000 a. C.

La estela de Kuttamuwa en el museo de Gaziantep también procede de Samʿal. Sin embargo, no fue erigida por el rey, sino por uno de sus funcionarios. Y no pretende establecer para la posteridad su gloria mundana, habla de lo que más valoran aquí en Anatolia: comer.


«Yo, Kuttamuwa, mandé hacer para mí esta estela mientras aún vivía. La coloqué en la cámara eterna y establecí un banquete en esta cámara: un toro para Hadad Qarpatalli, un carnero para NGD/R SWD/RN, un carnero para Šamš, un carnero para Hadad de los Viñedos, un carnero para Kubaba y un carnero para mi alma (NBŠ), que habitará en esta estela. En adelante, cualquiera de mis hijos o de los hijos de cualquier otro que llegue a tomar posesión de esta cámara, que tome de lo mejor de su viña como ofrenda cada año. También deberá realizar el sacrificio prescrito arriba en proximidad a mi alma, y asignarme un corte de pierna.»

El alma de Kuttamuwa zampándose un corte de pierna con lo mejor de los viñedos de Mesopotamia, cuyos descendientes dan todavía los excelentes vinos del Tur Abdin. Como regalo adicional, este texto constituye la primera mención conocida en Oriente Medio de un alma separada del cuerpo

Comer es también el centro de otros documentos oficiales como este contrato inmobiliario del siglo VIII a. C. del reino de Karkemish, escrito en jeroglíficos luvitas. La capital de este reino también se hallaba cerca de donde estoy ahora, en la ribera del Éufrates, en la actual frontera turco-siria, donde en 605 a. C. tuvo lugar una gran batalla entre Egipto y Babilonia, también mencionada en la Biblia. La mayoría de los hallazgos de Karkemish pueden verse hoy en los museos de Gaziantep y Ankara. En el documento, el banquete garantiza la validez de la transacción, y la cláusula no remite ni al código penal ni a la jurisdicción de un tribunal arbitral como sanción, sino a la máxima, cósmica, autoridad judicial.


«Esta casa fue vendida por el hijo de XXX a Kamonis, y por él al hijo de su hermano, Parisarmas, nieto de Papitatis, quien dijo: “Le daremos 24 minas de plata, y nosotros, Urasarmas de Ihasa, Pamu…, Muwas… y Kumawaris, el Perro, le daremos un banquete. Ofreceremos un gran banquete al Señor de WASHA. Y a quienquiera que quite esta casa a mi hijo, a mi nieto o al hijo de éste, que Tarhunzas, Karhuhas y Kubaba celestes, la luna y el sol, y Parakaras, se alcen contra él y le aplasten la cabeza.”»

El siguiente conjunto de relieves también procede de Karkemish. En sus tres paneles, el gobernante local tampoco habla de su propia gloria, sino que muestra el álbum de fotos de sus hijos como un padre orgulloso.


«Este de aquí es Kamani, y aquellos son sus hermanos menores. Aquí lo llevo de la mano y lo pongo al frente del templo, aunque aún es un niño.»

mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3mezopotamia3

El segundo panel muestra a siete hermanos menores, acompañados por un enano, llevando huesos de cordero a la sala de juegos y jugando con ellos. En otra ocasión escribí una entrada comparando variantes del juego de tabas, hueso de cordero, astrágalo, o de las «cinco piedras». Señalé que los antiguos griegos consideraban el juego de origen anatolio, y ahora vemos precisamente ese origen en este relieve.


«Malitispa, Astitarhunza, Tarnitispa, Isikaritispa, Sikara, Halpawari, Yahilatispa.»

mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4mezopotamia4


En la tercera página del álbum hay un solo niño, el menor, el más querido, el Benjamín (y sólo cabe esperar que la envidia de sus hermanos no lo convierta en un José). La criada que lo lleva en brazos también conduce un ternero. No se sabe si los dos están relacionados, o si la niñera simplemente tenía a su cargo, además, el pastoreo del ternero.


«Y este es Tuwarsai, el hijo tan anhelado del gobernante, elegido para gobernar.»

mezopotamia5mezopotamia5mezopotamia5


La inscripción antigua más sobrecogedora de los museos mesopotámicos tampoco habla de la gloria, sino de su pérdida. En el siglo VII a. C., los pequeños reinos arameos/neo-hititas van cayendo uno tras otro ante la Asiria en expansión. El ejército asirio y el poder asirio se hicieron famosos por su crueldad, reforzada como autoimagen en las inscripciones reales asirias. Por ello, resulta aún más conmovedor leer la tablilla de arcilla en la que el comandante de la guarnición asiria sitiada de Tušhan, Mannu-ki-Libbali, pide refuerzos en 611 a. C., antes de que la ciudad sea tomada por los babilonios. La carta describe el golpe final que se avecina, la vulnerabilidad y destrucción de los defensores, en un tono apocalíptico que ningún texto asirio habría permitido antes. Como si un comandante ruso rodeado en Donetsk escribiera una carta suplicante a sus superiores, refutando la propaganda oficial rusa. Sin embargo, todo esto fue en vano. Mannu-ki-Libbali no podía saber que su capital, Nínive, había caído poco antes.


«¿A quién he de recurrir para obtener caballos, escribas asirios y arameos, oficiales, secretarios, herreros, armeros, carpinteros, fabricantes de arcos y flechas, sastres y remendadores? Ninguno de ellos ha quedado en la ciudad. ¿A quién debo dar órdenes? ¿Qué debo hacer? Mi señor dijo: “Todos remamos en el mismo barco”. ¿Y ahora he de morir yo solo? Porque el final de esto es la muerte.»


No obstante, la caída definitiva de Tušhani no tuvo lugar hasta dos mil quinientos años más tarde. La presa de Ilısu, construida en el río Tigris entre 2006 y 2014, elevó el nivel del río en cien metros, inundando enormes zonas, cientos de asentamientos y yacimientos arqueológicos, incluida la ciudad histórica de Hasankeyf, de diez mil años de antigüedad, y también Tušhani, excavada apresuradamente por la Universidad de Akron (Ohio) antes de la inundación. Lo que queda de la ciudad, incluida la carta de Mannu-ki-Libbali, sólo puede verse hoy en el Museo de Diyarbakır.

El último verano. El puente de época selyúcida y el casco antiguo de Hasankeyf poco antes de la inundación


Add comment