Qué ocurrió con los judíos

Junto al bazar de Urfa, entre los palacios de piedra caliza pulida del barrio mercantil siríaco cristiano y judío de época otomana, se abre un pequeño hueco: la Plaza de los Cincuenta y Ocho (Ellisekiz Meydanı). Recibió su nombre por el hecho de que aquí se alzaba un baño hasta finales del siglo XIX, que, al derrumbarse, sepultó a cincuenta y ocho personas.

La Plaza de los Cincuenta y Ocho en una fotografía de alrededor de 1980, procedente de la página de Facebook dedicada a fotos antiguas de Urfa. Este edificio es la tumba del derviche sufí Şeyh Abdülkâdir Erbilî —su nombre completo: Ebû Muhammed Muhyiddin es-Seyyid eş-Şeyh Abdülkâdir b. eş-Şerif Muhammed Muhyiddin es-Sıddıkî el-Hüseynî, 1808-1898, sobre la entrada, a la izquierda—. También tiene una placa conmemorativa bajo el arco de la fachada, que incluyo más abajo. La puerta de madera daba –y da aún hoy– a la tienda de comestibles de Hajji Abadji. En el calor del verano, es un dato importante saber que aquí se encuentra el agua con gas fría más barata de todo Urfa. Algunos comentaristas señalan que el loco santo de la foto se llamaba Buki.

En la plaza hay también un pequeño panel informativo bilingüe que dice que la plaza, situada entre los lugares santos musulmanes, la iglesia cristiana Regie y la casa de oración judía, es un símbolo de la tolerancia entre religiones y culturas..


El nombre de la cercana iglesia, Regie, procede del francés régie, «administración», y este, de Société de la régie co-intéressée des tabacs de l’empire Ottoman, es decir, el nombre de la empresa de cultivo y distribución de tabaco del Imperio otomano, gestionada conjuntamente entre ambas naciones. Esta compañía, respaldada por un consorcio de bancos europeos, fue la mayor inversión extranjera del imperio. Pero ¿qué tiene esto que ver con la iglesia siríaca ortodoxa de San Pedro y San Pablo en Urfa?


La plaza ante la iglesia podría llamarse fácilmente la Plaza de los Trece Mil, a imitación de la de los Cincuenta y Ocho, por los trece mil cristianos siríacos que fueron asesinados aquí durante el pogromo de 1895. No he podido encontrar datos sobre cuántos siríacos fueron asesinados durante el genocidio de 1915. Es seguro que al final de la guerra quedaban tan pocos –si no ninguno– cristianos siríacos  en Urfa, cuna del cristianismo siríaco, que su iglesia pudo ser confiscada y usada como almacén de tabaco por la compañía Regie. La empresa fue nacionalizada en 1925, pero su nombre permaneció en la iglesia, que más tarde se empleó como distintos almacenes. En los años cincuenta hubo un intento de demolición pero la Oficina de Protección de Monumentos de Urfa la salvó instalándose en el edificio parroquial. En 2002, este último fue cedido a la fundación piadosa de la teología islámica de Harran, cuyo nombre se exhibe en letras metálicas sobre la entrada desde la calle. Mucha tolerancia religiosa y cultural se necesita para aceptar todo esto.




El largo patio rectangular de la iglesia se utilizó hasta hace poco como aparcamiento. Se cerró al tráfico solo tras la restauración de hace diez años, y se erigió una pequeña fuente en el centro. El lado que da a la calle es el antiguo edificio parroquial, hoy sede en Urfa de la teología islámica de Harran. Enfrente se eleva el enorme edificio fortificado de la catedral. La entrada se abre bajo las arcadas de su fachada. Por lo general está cerrada, pero si se lo pides al portero, la abre sin rechistar y luego se retira. Lo que hagamos dentro no es asunto suyo. Esto ya es algo, porque hace solo unos años, los grupos de turistas armenios que rezaban en la catedral de la isla de Akhtamar, renovada como museo, eran castigados.



La inscripción fundacional en siríaco sobre la puerta dice: «Todo el mundo te adora y se arrodilla ante ti, y toda lengua te da gracias. Esta iglesia de San Pedro y San Pablo, por donde entran los fieles, fue construida en tiempos del patriarca Jacob II y del metropolitano san Gregorio David, con las contribuciones del pueblo creyente siríaco-jacobita, en el año 2112 de la era seléucida [1861]. Que Dios recompense a todos sus benefactores.» Y el letrero moderno debajo: «Sala multifuncional. Concierto, conferencia, teatro, proyección de diapositivas, cine, congreso.»

Según la inscripción fundacional, la iglesia fue construida en 1861, pero esto solo se refiere a su forma actual. La primera iglesia se construyó en el siglo VI, y a lo largo de los siglos se remodeló una y otra vez. Esta última fase es marcadamente neogótica, pero parece haber conservado también elementos anteriores.


 

El altar fue transformado en escenario
 
El muro de entrada, con una galería encima
 
El santuario visto desde la galería


Incluso en esta forma expoliada y profanada, el interior de la iglesia irradia paz. Sus formas arquitectónicas familiares sugieren una sensación de regreso al hogar. Estar en Turquía es bueno de por sí, pero aquí, de un modo extraño, uno se siente en casa.


El panel informativo de la iglesia afirma que las inscripciones y lápidas encontradas aquí fueron trasladadas al museo de Urfa. Esperamos que realmente estén allí. En cualquier caso, no hay rastro de ellas en la exposición, igual que en las colecciones de los museos anatolios no suele haber rastro alguno de que cristianos y judíos vivieran alguna vez en esta región.


Detrás de la iglesia hay dos pequeños patios. En uno de ellos, muy por debajo del nivel de la iglesia, brota una fuente, construida como un pozo. En el otro, comunicado por escaleras con el inferior, se abre una sala de estudio coránico bajo las arcadas, en la que también se ha organizado una exposición sobre el pasado islámico de Urfa.




No pude encontrar la casa de oración judía mencionada en el panel informativo en la zona, ni tampoco los vecinos a quienes pregunté sabían de ella. Fue transformada en algo más útil, sin dejar rastro ni memoria. Conocemos el destino de los cristianos siríacos. Pero ¿qué ocurrió con los judíos? En otro tiempo vivían aquí en gran número, en Urfa, uno de los lugares de peregrinación más sagrados del judaísmo medieval, lugar del nacimiento y gloria de Abraham, sobre el cual la Mishná cuenta una historia aventurera. ¿Adónde fueron?

«Se asimilaron», dice Vedat, el vendedor kurdo de alfombras del bazar, con gesto compasivo. «Se enfrentaron a tantas dificultades y persecuciones que acabaron considerando como mejor opción mezclarse y asimilarse.»

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Al otro lado del bazar, en lo alto de una gran roca, en cuyo flanco hay numerosas viviendas rupestres milenarias –primeros recuerdos de la Urfa habitada–, se alza el antiguo barrio mercantil armenio. Sus magníficos palacios tallados con esmero, con balcones y amplios patios interiores, muestran claramente el poder económico de sus antiguos habitantes.

El genocidio alcanzó a los armenios de Urfa relativamente tarde, por lo que para entonces ya conocían lo ocurrido a sus comunidades de Anatolia. Solo el 27 de mayo de 1915 fueron arrestados y más tarde ejecutados cuatrocientos de sus representantes. En agosto, cientos de armenios fueron de nuevo asesinados en el bazar durante pogromos instigados por el gobierno. Entonces la comunidad decidió escoger la resistencia armada en lugar de la deportación, que habría significado una muerte larga y cruel. Atrincherados en su bien fortificado barrio sobre la roca, rechazaron durante varias semanas, a partir de finales de septiembre, el asedio de las tropas gubernamentales. El comandante turco, el bajá Fahreddin, finalmente solicitó la ayuda de la artillería alemana aliada «para sofocar la rebelión», lo cual fue concedido por el coronel de artillería Eberhard Wolffskeel. Los supervivientes del bombardeo total alemán fueron torturados y luego colgados o fusilados.

Entierro de las víctimas de la masacre de 1915 en el monasterio de San Sarkis, fuera de la ciudad, 1919. El texto armenio en la parte superior de la foto es el mensaje del político armenio Krikor Zohrab, asesinado cerca de Urfa: «Morimos, pero quedan cuatrocientas mil huérfanas de nuestro pueblo. Sálvenlas.» Escribiré más sobre la historia de esta fotografía más adelante.

Hoy, familias proletarias kurdas viven en los palacios armenios. En sus portales se acumulan desechos y malos olores, las aguas residuales con excrementos de los desagües del primer piso fluyen en algunos lugares directamente entre los niños que juegan en la calle, y corren hasta los colectores que se abren al pie del acantilado. Pero varios palacios han sido renovados como elegantes hoteles boutique, como el Elçi Konağı, donde nos alojamos.



Elçi Konağı se levanta en la esquina de una gran parcela, en cuyo centro se alza una mezquita antigua bellamente restaurada. El lugar está abierto a la calle principal, por lo que se ven claramente las formas inusuales del gótico tardío de la mezquita, las medias columnas y arcadas ciegas de triple arco, las torres angulares y los hastiales de la puerta de lomo de asno.





Todo esto no es de extrañar, porque este edificio fue también una iglesia cristiana: la Iglesia de los Doce Apóstoles, construida en 1865 por la comunidad armenia protestante de Urfa. Su nombre actual, Fırfırlı Camii, es decir, Mezquita de la Veleta, hace referencia también al antiguo remate superior de la iglesia. Según la inscripción del mihrab, fue convertida en mezquita en 1956.





En 1985

La función original se indica también por la entrada original del recinto, que está oculta detrás de Elçi Konağı, y se abre desde la calle lateral, evitando llamar la atención, como suele ocurrir con los lugares de culto de minorías. El muro que da a la avenida principal fue probablemente demolido solo después de su conversión en mezquita, para que la nueva casa de oración pudiera mostrarse en toda su dignidad, demostrando que el barrio se había hecho musulmán.


El interior de la iglesia es un espacio elegante de tres naves, dividido por esbeltos pilares neogóticos, muy similar a la iglesia siríaca de Pedro y Pablo. Al fin y al cabo, fueron construidas con pocos años de diferencia, quizá por el mismo arquitecto. Una hilera de cúpulas corre sobre la nave central conforme a la tradición arquitectónica armenia. Cuando fue convertida en mezquita, se construyeron el mihrab y el púlpito contra el muro sur, pero esto no altera la impresión predominantemente longitudinal del espacio.







Paseamos con Vedat cuesta arriba hasta nuestro alojamiento, Elçi Konaği, para pagarle allí las alfombras. «Este era el barrio armenio», señala Vedat a nuestro alrededor. «El barrio más rico de toda la ciudad.» «¿Y qué les pasó?», pregunto por rutina. «Se asimilaron», dice Vedat con gesto compasivo.

Tengo un mal presentimiento. Hoy ya he oído esta respuesta una vez. ¿Era entonces el mismo eufemismo para algo terrible? Conocemos el destino de los siríacos y de los armenios en Urfa. Pero ¿qué ocurrió con los judíos?


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