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Era el niño pequeño en el centro de la imagen. Hoy, con su vida aventurera ya a salvo, pega fotos en su álbum escribiendo leyendas y construyendo un relato de su historia para uso de sus hijas: un relato enteramente centrado en sí mismo y en gran medida limpiado de todo aquello que pueda empañar su gloria.
Ante todo: ¿quién es aquí el padre? No, no él, el viejo: ¡soy yo! Bajo el niño de dos años, el más reciente de los nueve hijos reunidos en torno al patriarca (los nueve que han vivido, claro está; no contamos a los muertos), escribió: «Papito». Por supuesto, es el padre de las dos niñitas para quienes está preparando el álbum: el «querido papito», como ellas le nombran en las deliciosas postales desde su colegio de Turín. Pero también es el niño rebelde que a los ocho años se escapó para embarcar en Génova como grumete hacia el Extremo Oriente, lo más lejos posible de toda esta familia. Traído de vuelta por los gendarmes, tuvo que enfrentarse a su padre, su madre, sus hermanos, sus hermanas, sus cuñados y sus cuñadas, e incluso a sus sobrinos mayores que él. Como El hijo del elefante…
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«Dispénseme», dijo el Hijo del Elefante con toda cortesía, «pero mi padre me ha azotado, mi madre me ha azotado, por no mencionar a mi alto tío, el Avestruz, y a mi alta tía, la Jirafa, que puede soltar unas coces de lo más fuerte, así como a mi ancha tía, la Hipopótamo, y a mi peludo tío, el Babuino; e incluyendo a la Serpiente Pitón Rocosa Bicolor, con su cola escamosa y fustigante, ahí arriba de la orilla, que azota más fuerte que cualquiera de ellos; y por eso, si le da lo mismo, no quiero que me azoten más.»
Rudyard Kipling, Just So stories
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Por esto empuja a toda la familia una generación hacia atrás. El padre pasa a ser «abuelo», la madre «abuela», los hermanos y hermanas, todo un montón de tíos y tías.
¿Y los cuñados y cuñadas? ¿y los sobrinos opresivos? Simplemente los borra, eligiendo cuidadosamente una foto de la familia «directa». Que Dios nos proteja de los parientes.
El fotógrafo, que vino a dar cuenta de treinta años de matrimonio de los viejos padres, otorgó a cada cual el lugar debido a su rango: el patriarca en el centro; la madre y la hija mayor, la terrible Gigina, a ambos lados del grupo, como para materializar el reparto del poder entre ellas (poder de segunda clase, en cualquier caso). Los muchachos a cada lado del padre; el heredero en el centro, teniendo ya el trono en sus manos; las muchachas alineadas perpendicularmente: la más joven rompiendo de mala manera la simetría del conjunto.
El más joven, bajo amenaza de bofetadas si se movía durante el tiempo de exposición.





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