El baño de Venus


Hemos mostrado repetidamente cómo la propaganda de la Primera Guerra Mundial buscaba eufemismos y edulcoraciones para facilitar la aceptación de la guerra, y gustaba de representar a los soldados que combatían en el frente bajo la apariencia de niños, como ocurre aquí con los representantes de los tres países de las Potencias Centrales. No obstante, estas representaciones hoy muestran toda su tensión y ambigüedad. Y algunos ejercen el cometido de los soldados adultos con toda eficacia. Por ejemplo llegando a masacrar realmente al enemigo por montones, como el pequeño Willi y su amigo en el libro infantil de guerra de Herbert Rikli.


Y esta postal resulta, si cabe, aún más embarazosa. Los tres aliados, evidentemente preadolescentes, miran hacia abajo y saludan con gestos burlones a la damita que se lava en su cuarto de baño, del mismo modo que lo harían sus colegas quince o veinte años mayores en el mundo real, o al menos en sus sueños. Pero al mismo tiempo, como signo del eufemismo generalizado (que empeora las cosas), el diseñador ajustó la edad de la dama para que correspondiera a la de los pequeños.



Después de esto, ni siquiera me sorprendería ver en el libro de Rikli esta postal colgada en la pared sobre la cama del pequeño Willi, del mismo modo que las de sus contemporáneos quince años mayores colgaban en las paredes de los soldados reales en las trincheras del Isonzo.


 

Autorretrato de Franz Aigner (1891-1983), sargento de cazadores checo de la Monarquía austrohúngara, procedente de su álbum fotográfico reunido en el frente del Isonzo

 

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