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Barrio de Zahesi. El sonido del nombre de la urbanización soviética, creada en el extremo noroccidental de Tiflis para dar servicio a la central hidroeléctrica sugiere unos orígenes georgianos antiguos. Sin embargo, el nombre no es antiguo ni georgiano. De hecho, es un acrónimo ruso de Земо-Авчальская ГЭС (гидроэлектростанция), es decir,
«Central hidroeléctrica de Avchala Superior», construida en los años veinte para hacer realidad el sueño de Lenin: el plan GOELRO de electrificación de toda la Rusia soviética.


El poder soviético más la electrificación es el comunismo. Los ocho buques insignia del gran plan fueron diseñados en 1923, repartidos por todo el país. A Georgia le fue asignado uno de ellos, en parte para industrializar la mayor ciudad del Cáucaso y, en parte, para controlar el río que a menudo inundaba la ciudad. El emplazamiento de la central hidroeléctrica se fijó justo encima de Tiflis, allí donde el río Kurá entra en la ciudad, por encima del milenario pueblo de Avchala, que solo pasó a formar parte de Tiflis y a convertirse en un barrio industrial soviético en 1962 y que, hoy, es una ciudad fantasma, desierta. Es cierto que el embalse de la central y, según los mapas antiguos, incluso la presa pertenecían a la mucho más significativa Mtskheta. Bajo esta ciudad, sede de la Iglesia georgiana, el río Aragvi, que desciende de las montañas del norte, desemboca en el Kurá, que viene del sur. Hoy, como resultado del embalsamiento, constituyen un marco magnífico para la ciudad, al tiempo que el agua se adentra en algunas de sus calles bajas junto al río.

En aquella época, sin embargo, habría sido inimaginable bautizar una central hidroeléctrica con el nombre de un centro eclesiástico, sobre todo si, además, la primera llevaba también el nombre de Lenin, como ocurría con todas aquellas primeras ocho centrales. Ya resultaba desconcertante que, les gustase o no, la iglesia más antigua de Georgia, el Jvari del siglo VII, es decir, la Santa Cruz, se alzara sobre la presa. Seguro que fue para contrapesarla visualmente por lo que, en 1927, tras la finalización de la central, erigieron también una estatua monumental de Lenin junto a la presa, uno de los primeros monumentos a Lenin del país.
La estatua fue diseñada por el escultor Iván Dmítrievich Shadr (de apellido original, Ivanov, 1887–1941), cuyas cualidades artísticas y compromiso revolucionario estaban por encima de toda sospecha. Antes de 1917 estudió en París, donde fue seguidor de Bourdelle y Rodin, y después de 1917 trabajó estrechamente con Lenin en la realización de la «propaganda monumental» concebida por este. La estatua de Lenin proyectada junto a la ZAGES es una rama mayor de la iconografía leninista, que se estaba solidificando precisamente en ese momento: el prototipo del «Lenin que señala» (casi como el Cristóbal Colón de Barcelona, de 1888, que apunta al Nuevo Mundo), que sería imitado en miles de variantes por todo el imperio. El tipo se popularizó aún más gracias a ilustraciones que difundían por todo el país la imagen de la central hidroeléctrica realizada, como los grabados impresos de Ignaty Nivinsky o el fresco monumental de Vasili Maslov, descubierto recientemente en la Casa Bolchevique del distrito Koroliov de Moscú.
Durante el último siglo ha corrido mucha agua por el Kurá. La central hidroeléctrica envejeció y el Estado georgiano, que no tiene dinero para reconstruirla, la vendió en 2007. El nuevo propietario, GeoInCor, la explota solo de manera intermitente. De los dos asentamientos que llevan el nombre de la central, la urbanización de Zahesi y el barrio industrial de Avchala, los habitantes huyen. El primero en desaparecer fue el propio Lenin, cuya estatua fue retirada en 1991. El pedestal, aún vacío, ha sido piadosamente cubierto por los árboles de alrededor. Si te detienes en un punto determinado de la carretera Mtskheta–Tiflis, y miras a través del bosquecillo, y avanzas con la hierba hasta la rodilla hasta la corriente del Kurá, ves que, tras un breve paréntesis, el río y la montaña han recuperado su reinado milenario sobre el paisaje.

L. Utesov: Suliko, años treinta






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