Doce comunistas


A propósito del vídeo de la entrada anterior se planteó la cuestión de cuál era la canción ucraniana interpretada con tanta dedicación durante la caída de las estatuas de Lenin. Presentamos, pues, el texto original con su traducción y, debajo del vídeo, la propia canción, libre del ruido de fondo de los acontecimientos. El autor, Trizuby Stas —Tres-Dientes Stas, «un diente para el Partido Comunista, otro para el Komsomol, un tercero para los sindicatos»—, alias Stanislav Shcherbatikh (1948-2007), fue una figura prolífica e influyente del underground ucraniano.



Тризубий Стас – Дванадцять комуністів (Doce comunistas)
 

Дванадцять комуністів в однім куротнім місці
Зутрілися на з'їзді чи на пленумі ЦК.
В готелі поселились, а чим це закінчилось,
Про це моя історія не радісна така.

Дванадцять комуністів пішли купатись в море,
І в хвилі променисті кожен весело стрибав,
Та двоє з перепою лишились під водою,
От вже і починається, як я попереджав.

Бо тільки десятеро вийшли із води,
Ось так і зменшуються в партії ряди.

Вже десять комунітсів покупані та чисті
В покоях ономісних перетравлюють обід,
В вісьмох перетрамилось, а двоє отруїлось,
А троє в моїй пісні ще захворіли на СНІД.

Всі вісім комуністів останні чули вісті,
Про СНІД, що ходить в місці, попередив партактив,
Розважились приємно в непевнім товаристві,
Типовий сексуальний кримінальний детектив.

Трьох неслухняних довелося поховать,
І залишилось із вісім тільки п'ять.

З п'ятірки комуністів один помер на місті,
Бо кунив сигарету на імпортний килим,
А четверо тушили, з них троє так спішили,
Що довго не прожили, бо попав у горло дим.

Багато комуністів померло в моїй пісні,
Сама Агата Крісті позаздрила б мені,
Та ще один лишився, що в морі не втопився,
Обідом не втруївся і не загинув у вогні.

Таки не тонуть і в пожежах не горять,
Вони і досі на шиях в нас сидять.

 

 

Doce comunistas se reunieron en un balneario
para un congreso o un pleno del Comité Central.
Se alojaron en el hotel, y cómo terminó todo
lo contará mi historia nada alegre.

Doce comunistas fueron a bañarse al mar,
y chapoteaban alegremente en las olas doradas,
pero dos, con resaca, quedaron bajo el agua;
he aquí cómo empieza, ¿no os lo advertí?

Sólo diez salieron del agua:
¡así disminuyen las filas del Partido!

Los diez comunistas, bañados y limpios,
se retiraron a sus habitaciones a digerir el almuerzo.
Ocho lo digirieron, pero dos se envenenaron,
y tres, en mi canción, contrajeron allí el sida.

Los ocho comunistas habían oído las últimas noticias
sobre el sida por medio de un activista del partido,
pero entre su alegre compañía se mezcló de algún modo
un detective típico de crímenes sexuales.

Hubo que enterrar a los tres desobedientes,
y de los ocho sólo quedaron cinco.

De los cinco comunistas uno murió en la ciudad
al apagar el cigarrillo sobre un kelim importado.
Y los otros cuatro se apresuraron tanto a apagar el fuego,
que tres no sobrevivieron, pues el humo les entró por la garganta.

Muchos comunistas mueren en esta canción mía,
hasta Agatha Christie podría envidiarme.
Pero quedó uno que no se ahogó en el mar,
no fue envenenado por el almuerzo ni murió en el fuego.

Ni el agua los ahoga ni el fuego los quema:
mirad, todavía siguen sentados sobre nuestros cuellos.

Y, en efecto, en el vídeo sólo derriban a once de ellos.


 

Add comment