


La paloma, que ha construido su nido sobre los cables tensados del tendido del tranvía, burlando las púas colocadas para disuadirla, intenta fingir que no es más que otra de las muchas curiosidades de Praga, pero al cabo de unos minutos de fotografiarla lanza miradas nerviosas a uno y otro lado. No podría perdonarme interrumpir una cadena evolutiva tan prometedora, así que prosigo mi camino.





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