En relación con el fenómeno absurdo del resurgimiento del culto a Stalin en Rusia, Vladimir Menkov llamó nuestra atención sobre algunas otras imágenes sorprendentes realizadas en los últimos veinte años, que representan en forma de iconos tradicionales a ciertas personas no reconocidas como santos por la Iglesia ortodoxa.
Los pintores de tales imágenes quieren, por lo general, satisfacer las necesidades de una comunidad cercana a ellos creando el icono de una figura venerada localmente, anticipando así e impulsando su reconocimiento eclesiástico. A menudo intervienen tendencias cismáticas, cuyas figuras veneradas no pueden esperar aprobación eclesiástica alguna; en tales casos, la iconografía de la figura suele enriquecerse con motivos desconocidos en la pintura tradicional de iconos. En otros casos, son aspiraciones políticas disfrazadas de movimientos religiosos las que abren una aguda confrontación con santos inaceptables para la Iglesia oficial. Y a veces los pintores pretenden subrayar la respetabilidad de personalidades destacadas del ámbito político mediante la fórmula más majestuosa jamás creada por el arte tradicional ruso, el icono, aunque la persona en realidad fuese abiertamente anticristiana. Un rasgo común de todos estos casos es que una o varias comunidades los consideran iconos auténticos, y la devoción hacia ellos forma parte de las prácticas religiosas de la comunidad sin sanción eclesiástica alguna, aunque a menudo con la tolerancia del clero local.
Una parte de los siguientes iconos apócrifos fue reunida por Denis Kashtanov en su blog, con comentarios añadidos por Maxim Gardus. Que el problema forma parte, de hecho, de la vida cotidiana rusa lo muestra el que, cuando Dmitry Stesin publicó la entrada de Kashtanov —sin referencia— en el Komsomólskaya Pravda, consideró necesario presentarla en forma de entrevista, en la que su interlocutor, un monje del monasterio de la Trinidad de Khoroshevo, aclara de inmediato a los lectores las razones por las cuales la imagen respectiva no puede ser venerada como icono.

Mártir Evgueni Rodión. El soldado ruso, de 19 años, cayó en 1996 en cautiverio checheno, donde supuestamente se negó a quitarse la cruz que llevaba al cuello y a convertirse al islam, por lo que fue asesinado. A falta de testigos auténticos, la Iglesia ortodoxa rechazó su canonización. Sin embargo, algunos movimientos nacionalistas, como la Unión de los Portadores Ortodoxos de Estandartes, difundieron su culto como santo patrón del ejército ruso, y su icono es venerado públicamente en la catedral de Astracán.


Los mártires de Beslán. El 1 de septiembre de 2004, terroristas islamistas chechenos irrumpieron en una escuela primaria de la ciudad noroseta de Beslán, tomando como rehenes a más de mil personas, en su mayoría niños, de los cuales más de 380 murieron durante los tres días de combate e incendio con las fuerzas de seguridad rusas. El pintor de iconos petersburgués Mijaíl Osipenko los representó como mártires cristianos utilizando la fórmula de los Santos Inocentes de Belén. El icono fue venerado públicamente en la iglesia del monasterio de la Dormición de Beslán al cuadragésimo día tras la muerte de los rehenes. Sobre los mártires aparece el icono de la Madre de Dios del Don, en cuya festividad ocurrió la masacre, y la exégesis popular vincula todos los demás momentos de la tragedia con otras diversas festividades marianas, elevando así a alturas trascendentes a estas víctimas no canonizadas por la Iglesia.

El metropolitano José de Petrogrado aplasta al falso patriarca Sergio. Sergio, obispo de Nizhni Nóvgorod, que en 1925, tras el encarcelamiento del patriarca Tijón y de su vicario, se convirtió en 1927 en locum tenens patriarcal (y más tarde, en 1943, tras el acuerdo con Stalin, en patriarca). Con la intención de mejorar la situación de la Iglesia rusa, llamó a los creyentes a reconocer la dirección soviética y a mostrar lealtad al Estado soviético. Esto provocó un cisma en la Iglesia. El dirigente de quienes rechazaron la declaración de Sergio, el metropolitano José de Petrogrado, fue ejecutado por la NKVD. Sus seguidores, los josefitas (yosiphlyans), lo veneran como mártir. Casi con toda seguridad, ellos compusieron esta imagen, representada con la vivacidad de los luboks populares rusos más que con la intemporalidad obligatoria de un icono, mostrando cómo José aplasta al herético Sergio, bajo cuyas vestiduras sacerdotales asoman los pantalones de un general soviético.

Mártir Andréi Yushchinski. El cuerpo desnudo del niño de 13 años Andréi Yushchinski, alumno de la clase preparatoria del seminario de Kiev, fue hallado el 20 de marzo de 1911. Había sido asesinado con cincuenta cuchilladas. Unos panfletos clamaron inmediatamente que se trataba de un asesinato ritual judío y llamaron a pogromos. El tribunal sospechó de Mendel Beilis como autor del asesinato. El proceso se prolongó durante años, y aunque Beilis fue finalmente absuelto por falta de pruebas, no obstante la sentencia final del tribunal mantuvo la acusación como libelo de sangre contra un autor desconocido. «El mártir Andriusha de Kiev» sigue siendo venerado, con matices antisemitas, en la religión popular ortodoxa ucraniana.
La edición del 8 de marzo de 1917 de El Águila Bicéfala llamando al recuerdo en el octavo aniversario de la muerte de Andréi Yushchinski. «¡Cristianos, cuidad de vuestros hijos! ¡El 17 de marzo comienza la Pascua judía!»


Zar Iván el Terrible. A Iván el Terrible no lo vinculamos, primordialmente, a la santidad, sino más bien a las escenas representadas por Repin. Sin embargo, muchos vienen instando a su canonización desde mediados de los noventa, como creador de la nueva Rusia. Según la doctrina popular del carismático y controvertido metropolitano Iván de San Petersburgo, fallecido en 1995, Iván sentó las bases del baluarte de la ortodoxia rusa, que debía haber sido completado por Nicolás II. Con este fin Dios envió en ayuda a Rasputín, pero los judíos, los masones y el cristianismo occidental lo socavaron. En cualquier caso, la Iglesia ortodoxa rechaza su canonización y remite a antiguos himnos ortodoxos que comparan a Iván el Terrible con el faraón y con Herodes. Este otoño yo mismo he visto en Crimea publicaciones académicas que dedican estudios serios a su actividad constructora de iglesias y a la santidad de su vida.

Mártir Grigori Rasputín. El culto a Rasputín, el disoluto favorito de la familia del zar, ha gozado de popularidad en varias sectas, y se conocen más de treinta de sus iconos. Este fue pintado por un tal Hermano Román, residente en Alemania, y es venerado por la llamada Iglesia de San Juan el Teólogo, cuyos miembros consideran que Rasputín cayó víctima de un asesinato ritual judío. Según los términos de la normativa del patriarca de Moscú, la veneración pública de iconos de Rasputín en cualquier iglesia comporta excomunión automática.
Mártir Grigori Rasputín con el mártir Alexéi (el heredero del trono imperial, efectivamente canonizado en 2000), al que Rasputín supuestamente curó de la hemofilia, ganándose así el favor de la emperatriz)


Stárets Nikolái del lago de Pskov (Nikolái Pskovoezerski/Guriánov). Una de las figuras más populares de la religión popular rusa contemporánea. Pasó sus últimos años en la isla Zalit del lago de Pskov, convertida en lugar nacional de peregrinación. Esta imagen resume los problemas de los iconos apócrifos a la manera de un diagrama escolar. El próprio stárets Nikolái es una figura reconocida de la ortodoxia. Al mismo tiempo, supuestamente fue partidario de la canonización de Iván el Terrible y de Rasputín. Por eso los partidarios de estos lo representan, en forma de icono, sosteniendo en la mano un icono de Rasputín, mientras que él mismo aún no ha sido canonizado, por lo que no debería pintarse ningún icono suyo.

Mártir zar Nicolás II. Este icono es el huevo del cuco, puesto que el último zar y su familia fueron efectivamente canonizados en 2000 como strastoterpets, es decir, como quienes soportaron con paciencia cristiana los sufrimientos infligidos sobre ellos. Sus iconos eclesiásticamente aprobados se difundieron en muchas variantes (véase, por ejemplo, aquí o aquí). Este icono posee kleimá particularmente bellos y arcaizantes, escenas biográficas enmarcadas, por ejemplo aquella en que Nicolás entra en la Primera Guerra Mundial sobre un caballo blanco, en la pose de san Jorge y bajo la bandera de la Imagen del Salvador no hecha por mano humana; o aquella otra en que soldados del Ejército Rojo ejecutan con espada a la familia imperial.

Mártir zar Nicolás II. Sin embargo, esta imagen es ya muy distinta de los iconos aprobados eclesiásticamente. La cabeza cercenada de Nicolás yace en una bandeja, al modo de la de san Juan Bautista, y a ambos lados se encuentran su hijo Alexéi y Rasputín. Se trata, con toda seguridad, de un icono sectario, inspirado en parte por la popular leyenda urbana según la cual la cabeza del zar Nicolás fue cortada por los soldados del Ejército Rojo y arrojada al fuego en presencia de todos los dirigentes bolcheviques. La presencia de Rasputín indica también que la ejecución de la familia real es considerada en algunos círculos eclesiásticos como un asesinato ritual.

Mártir zar Nicolás II. Este icono representa claramente la doctrina de la herejía del tsarebozhie, según la cual el zar es corredentor junto con Jesús, pues su martirio redimió al pueblo ruso de los pecados cometidos contra la dignidad imperial. Las construcciones mentales de este mundo y del trascendente se entrelazan aquí, de manera ejemplar, en una confusión inextricable. Como en la Iglesia ortodoxa está prohibido representar a cualquier santo con los atributos de Cristo, el pintor sectario de iconos recurre a la iconografía católica en busca de inspiración.

Stárets y mártir Vladímir Lenin. El culto a Lenin como santo stárets es característico de los bezpopovtsy, los viejos creyentes que niegan al clero ortodoxo y que desde el siglo XVII fueron perseguidos por el poder zarista. La victoria de la revolución soviética puso finalmente fin al reinado del zar: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Este icono fue fotografiado en una iglesia de la República Autónoma de Komi a mediados de los años noventa.

Ataúlfo de Múnich, mártir de Berlín. El icono fue creado por la Iglesia de las Catacumbas de los Verdaderos Cristianos Ortodoxos, cuyo solo nombre equivale ya a un diagnóstico. No obstante, debe recordarse que en 1941 muchas personas de la Unión Soviética entendieron y vivieron la invasión alemana como una liberación de los bolcheviques impíos, y aún hoy la recuerdan así.
«No hay palabra ni sentimiento que pueda expresar debidamente nuestra gratitud hacia nuestros libertadores y su Jefe, Adolf Hitler, que restauró la libertad de religión, devolvió a los creyentes las iglesias de Dios que les habían sido arrebatadas y les restituyó su dignidad humana».
El arzobispo luterano estonio Andreas Põder explicó asimismo la decisión de su iglesia cuando en 2012 incluyeron a Adolf Hitler en las filas de los mártires.


Matrona de Moscú bendice a Stalin. En la entrada anterior ya hemos visto algunas imágenes que representan a Stalin en forma de icono, y también es sabido que son producidas por círculos extremistas vinculados de algún modo a la ortodoxia. Sin embargo, la imagen de arriba, creada por el pintor de iconos I. I. Pivnik, fue de hecho venerada como un verdadero icono en algunas iglesias: en 2008 en la iglesia de Santa Olga de Strelna, cerca de San Petersburgo, y en 2010 en la iglesia de San Nicolás de Moscú. En la imagen, la vidente Matrona Dmitrievna de Moscú, efectivamente canonizada por la Iglesia ortodoxa en 1999, predice a Stalin —que acudió secretamente a consultarla— que los alemanes no ocuparán Moscú, y lo bendice como dirigente de Rusia ordenado por Dios. La historia apócrifa, oficialmente rechazada por la Iglesia ortodoxa, forma parte de una floreciente mitología según la cual Stalin condujo a la Unión Soviética a la victoria en la Gran Guerra Patria con ayuda de la Iglesia rusa y de sumos sacerdotes y santos taumaturgos. Los episodios de esta mitología, carentes de toda fuente histórica, proceden principalmente del popular stárets Vasili Svets, y fueron reunidos en Россия перед вторым пришествием (Rusia antes de la segunda venida, 1993) de Serguéi Fomin, desde donde se difundieron ampliamente.

Los nuevos mártires y confesores de Rusia. Y, por último, un icono apócrifo de Todos los Santos, expuesto el 19 de octubre (1 de noviembre) de 1981 en la iglesia de la Epifanía de Boston, de la Iglesia ortodoxa rusa en el extranjero. Aunque algunas de las personas representadas —por ejemplo la familia imperial en el centro— fueron canonizadas después de 1990 por la Iglesia ortodoxa, en el momento de la preparación del icono todavía no eran consideradas oficialmente santas, por lo que no podía haberse realizado ningún icono suyo. Obsérvense las escenas particulares del kleimá, el marco biográfico, descritas detalladamente (aquí con imágenes) en el sitio web de la iglesia.




Add comment