Cuentos de Tarnów 1. El Al Capone de Tarnów

 

Esta fotografía, en la que un jasid de Tarnów se pavonea orgullosamente conduciendo su motocicleta con sidecar, marca el final de una época por varias razones. En primer lugar, la fecha, 1938, el último año de paz tras el cual nada volverá a ser igual que antes. En segundo lugar, la moto y la torpe mano que escribió las letras latinas, una mano acostumbrada a otra forma de escritura, de derecha a izquierda, indican que el mundo tradicional, el mundo cerrado de los shtétl y de las comunidades jasídicas en cualquier caso, ya iba camino de desintegrarse. Marek Tomaszewski, autor de Tarnów. Żydowskie krajobrazy (Tarnów: paisajes judíos, 2012), ha incluido esta foto en el último capítulo de su libro, cuando se despide de aquel mundo desaparecido.


En 2011 el coleccionista de postales y fotografías de Tarnów Marek Tomaszewski ya había publicado un libro deslumbrante a partir del material de sus colecciones: Tarnów: wędrówka w przeszłość z kartą pocztową (Tarnów: un viaje al pasado por el reverso de una tarjeta postal); lo citaremos más adelante. Sin embargo, todavía le quedaba material suficiente para compilar un álbum fotográfico aparte sobre los judíos de Tarnów. La ciudad, con su población judía de veinticinco mil personas, el 40 % de la población, era la cuarta ciudad judía más grande de Galizia, tras Lemberg/Lwów, Cracovia y Stanisławów (hoy Ivano-Frankivsk). No es de extrañar, pues, que, tras la desaparición de los propietarios de estos álbumes, todavía se pudieran reunir tantas fotos, de las cuales se seleccionaron las doscientas cincuenta imágenes que ilustran el álbum. Las cuatro fotos que acompañan el prólogo, menciona Tomaszewski, se compraron, por ejemplo, en el eBay alemán apenas unos días antes de la publicación del libro.
 

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Son fotos realmente impresionantes. Aunque sus fotógrafos permanece en su mayoría anónimos, muchas de ellas son dignas contrapartes de las célebres series de Menachem Kipnis, Alter Kacyzne o Roman Vishniac. Esto da una idea de cuántas imágenes más pueden seguir ocultas; ventanas a un mundo que, hace apenas veinte años, se consideraba generalmente que había desaparecido sin apenas dejar testimonios. Y el gran mérito del libro es que, aparte de las imágenes, también ayuda a revivirlo con textos largos. Los judíos de Tarnów que sobrevivieron a la destrucción empezaron a registrar y recopilar sus recuerdos en Israel desde finales de la década de 1940, y en 1954 los publicaron en yidis, hebreo y polaco; este último con el título Tarnów. Egzystencja i zagłada żydowskiego miasta (Tarnów: vida y destrucción de una ciudad judía). Los fragmentos que ofrecemos proceden de esta recopilación.
 

Esquina de las calles Wesklarska y Żydowska, mirando hacia la Puerta Pilzńenska. Foto de K. Fusiarski, década de 1930

Los fragmentos comienzan con la vívida descripción de la vida judía cotidiana, las figuras típicas de plazas y calles; los cocheros, el barbero, los restaurantes, los mozos de cuerda. Presentan las festividades de los jasidim religiosos, la miseria de los arrabales, la lucha de los obreros por una vida mejor. Relatan cómo el siglo XX se abatió sobre la ciudad, la destructiva ocupación rusa de 1914-1915, la vida burguesa entre las dos guerras mundiales. Y luego, sobre el 1 de septiembre de 1939, el primer día de la guerra, la ocupación alemana, el establecimiento del gueto, las deportaciones. La huida, con ayuda polaca. La supervivencia.
 

Hombre judío en Tarnów durante la ocupación alemana

Es tal rareza contar con un material visual tan rico y, a la vez, con un relato tan detallado de una ciudad judía, que considero que valdrá la pena extraer una serie de historias a lo largo de varias entradas. El shtétl evocado de este modo ayudará a formarse una imagen de los muchos otros que no cuentan con recuerdos similares. Comenzamos in medias res dejando para la próxima entrada la descripción de la vida cotidiana de la ciudad, y presentamos primero al Al Capone de Tarnów, Idele Muc, sobre la base de un testimonio de Mordechai David Brandstetter, el gran maestro tarnoviano de la literatura hebrea, tal como lo transmitió Jozef Hajman. La figura de Idele Muc muestra que esa suerte de rey del hampa judía, como el odessita Benya Krik de Isaac Babel, no fue una figura creada ni embellecida por la fantasía literaria, sino que existió realmente y constituyó un tipo peculiar que pudo haber estado presente en muchas más ciudades, y no solo en aquellas de donde tenemos constancia.
 

Tiendas judías en la elegante calle Wałowa. Muchas de las personas de la imagen debieron de ser clientes de Idele Muc


«Hoy en día, cuando leo acerca de la seguridad de la propiedad y de la vida en Nueva York y Chicago, y cuando oigo hablar de Al Capone, el rey del hampa de Chicago, puedo recordar cómo, cuando todavía era un niño, oía a los mayores hablar del Al Capone de Tarnów, que era, por decirlo suavemente, el jefe de los ladrones de Tarnów hace setenta años. Generalmente se le conocía por el apodo de Idele Ganef [ladrón] o Idele Muc.

De joven, Idele Muc ya había sido carterista y, gracias a su agudeza, se convirtió en el jefe de una banda organizada de ladrones. Al hacerse mayor, dejó de ejercer activamente este oficio, pero se lo enseñaba a los jóvenes. Gracias a sus contactos en la policía, cuando un miembro de su grupo era detenido, Idele Muc podía, en la mayoría de los casos, al igual que el Al Capone actual, disponer la liberación del arrestado en muy poco tiempo.

En caso de robo, la parte perjudicada iba a ver a Idele Muc. Al principio, fingía una gran sorpresa de que se le abordara por asuntos semejantes, pero, tras un breve intercambio de palabras, la parte perjudicada le pagaba una suma de dinero y el objeto robado era devuelto subrepticiamente y con rapidez a su dueño.

Idele Muc introdujo un sistema que hoy también utiliza Al Capone: pagando una cantidad apropiada como dinero de protección, los judíos más ricos quedaban a salvo durante algún tiempo de robos y allanamientos. Idele Muc, como «hombre de honor», por lo general cumplía sus obligaciones. Pero si consideraba que la cuantía del pago era demasiado pequeña en relación con la propiedad bajo su protección, o si el «asegurado» retrasaba el «pago del seguro», otro robo persuadía rápidamente a la parte perjudicada de que debía ponerse en contacto con Idele Muc sin demora.

Habría podido dirigir con facilidad una agencia de detectives que se habría hecho muy popular entre los vecinos. Gracias a una red bien organizada y eficiente de espías y ladrones a su disposición, conocía la cantidad exacta y la naturaleza de las mercancías recibidas y quién las había recibido, cómo se regía la casa del destinatario, la distribución de las habitaciones del piso, etc. Y, sobre todo, si la cuantía de la «cuota del seguro» le resultaba justa.

Brandstaetter [es decir, el escritor Mordecai David Brandstaetter] se casó siendo aún muy joven (no tenía más de 17 años entonces) con la hija de un curtidor local muy respetado y rico, Abraham David; y luego pasó a ser empleado de su suegro. Abraham David estaba «protegido» por Idele Muc. Pese a ello, una noche le robaron dos pieles de oveja curtidas de un cobertizo cerrado con llave en su patio bien cercado. No le quedó otra opción que mandar llamar a Idele Muc y mantener una conversación con él.

Como Abraham David era un curtidor rico y respetado, Idele Muc aceptó la invitación y visitó a Abraham David en persona. Este último le dio una cálida bienvenida, lo invitó a sentarse a la mesa, donde, aparte de la esposa del anfitrión, la señora Goldele, Brandstaetter se sentó con su esposa. El curtidor se quejó ante su invitado del robo que había tenido lugar la noche anterior. Idele Muc se mostró muy comprensivo: «No hay manera de lidiar con esos ladrones. Su insolencia es increíble», dijo. El curtidor le pidió consejo, en su calidad de hombre experimentado y sabio, insinuando que estaba dispuesto a pagar por la devolución de los bienes robados, que, dicho sea de paso, no le pertenecían a él, sino a un cliente suyo. Idele Muc, a su vez, se quejó de los tiempos duros actuales y fijó la suma de dinero que sería necesaria para «compensar» a los ladrones por la devolución de los bienes. Idele Muc añadió también que, si algún miembro de la casa oía ruidos sospechosos causados por algún objeto que se cayera durante la noche, no debía alarmarse ni sentir curiosidad por saber quién estaba armando el alboroto, porque las consecuencias podrían ser desagradables para cualquier persona inquisitiva.

Como señal de que las negociaciones habían terminado, el anfitrión ordenó que sirvieran buen vodka y dulces de repostería para el acuerdo y satisfacción mutuos de todos. Chocando las copas, Idele Muc brindó por la salud del anfitrión, de la anfitriona y, por cortesía, también por la de su joven yerno: la futura joya de la literatura hebrea. Durante la conversación, Brandstaetter preguntó al invitado cómo era posible cometer un robo cuando la cerca era tan alta y estaba protegida con alambre, y cómo se podía hacer frente al sólido candado del cobertizo. Idele Muc se enfureció mucho ante la ingenua pregunta del joven y, como estaba algo bajo los efectos del vodka, se volvió hacia su anfitrión y dijo: «Es una insolencia que el joven haga preguntas así. Llevo varias decenas de años siendo ladrón y, créame, ¡es un trabajo duro y agotador! Y este joven curioso de aquí quiere que, así como así, le diga cómo se hacen estas cosas…». El anfitrión tranquilizó a su invitado atribuyendo la desafortunada pregunta a la juventud de su yerno. Tras beber una copa más, Idele Muc, ya tranquilo, abandonó la hospitalaria casa del curtidor.

Más tarde aquella noche, en el vestíbulo de la casa de David se oyó el sonido de un objeto que caía al suelo. Al día siguiente, David reconoció las pieles que habían sido robadas unos días antes, que fueron devueltas en el mismo estado en que fueron sustraídas».
 

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La calle Forteczna en el barrio judío, década de 1930

 


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