El cronista hamburgués del siglo XI, Adán de Bremen, que navegó por el Báltico en naves de príncipes vikingos, menciona en su Gesta que los paganos de los Aesti mantenían serpientes como animales apotropaicos en sus hogares, y ofrecían sacrificios —a veces humanos— a unas serpientes aladas para la seguridad y prosperidad de la tribu
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