Interpretación de un objeto hallado

Basándose en el análisis intrínseco y en su contexto histórico, los arqueólogos son capaces de reconstruir la función y el uso de objetos de hace miles de años, y con ellos el modo de vida y la mentalidad de las sociedades que los crearon y utilizaron. ¿Cómo interpretarán estos objetos nunca vistos, que fueron colocados por todo Berlín hace solo dos días?


1. En la sociedad berlinesa de aquella época, cuando todo el mundo se dirigía a algún acto social, especialmente tras el anochecer, ciertos miembros de la clase media se desplazaban por las calles y en el transporte público con botellas de cerveza abiertas en la mano. Sabemos que en otras sociedades del periodo este hábito se consideraba incivilizado, pero ¿quiénes somos nosotros para juzgar las costumbres de sociedades de hace muchos miles de años?


2. Cuando la botella se vaciaba, la tiraban. La sociedad berlinesa de aquella época era, relativamente hablando, bastante limpia y ordenada si se la compara con las normas europeas del tiempo, y por ello preferían tirar las botellas vacías en las papeleras de la calle, que por lo general estaban dispuestas en las vías públicas con densidad suficiente, con la excepción del barrio de inmigrantes de Moabit, donde las normas locales se hallaban todavía en un estado incompleto de adquisición; del barrio yuppie de Kreuzberg, donde existía la práctica consciente de desatender esas normas como forma de identificación de grupo, y del barrio neonazi de Köpenick, donde la frustración interiorizada dirigida contra inmigrantes y yuppies provocaba la respuesta de romper simbólicamente las botellas en el suelo, junto a las papeleras. Con todo, en conjunto, estos representaban una pequeña minoría dentro de la población de bebedores de cerveza callejera en Berlín.

3. Un segmento nada desdeñable de la sociedad berlinesa de aquella época estaba constituido por un subgrupo de cazadores de basura, para quienes las botellas y las latas de cerveza —que eran canjeables por diez céntimos de moneda— constituían una importante fuente de ingresos. Deliberadamente no utilizamos los términos «clase» o «estrato», porque, según su origen, cualificaciones, sustento e ideología, podían repartirse entre muchos grupos, que incluían un abanico de identificaciones, desde alcohólicos crónicos hasta pensionistas indigentes que se esforzaban por mantener su imagen burguesa y que, en su paseo matutino en bicicleta por razones de salud, se detenían en cada parada de autobús, limpiaban la lata de cerveza desechada con hojas de un rosal cercano y, tras guardarla cuidadosamente, proseguían su camino (tal como se ha observado esta misma mañana).
 

«Muchas personas se ven aquejadas por la pobreza en nuestro barrio. Muchas de ellas logran ocultar su situación; otras se retraen y se vuelven invisibles.»


4. Entre los bebedores callejeros de cerveza de clase media en Berlín, era ampliamente conocido que la recogida de botellas era un medio de vida. Por ello, para facilitar el trabajo de los recolectores y hacerlo más higiénico, en virtud de una convención implícita, colocaban las botellas vacías junto a las papeleras o debajo de ellas. En efecto, el principio de solidaridad era un valor de primer orden en la sociedad berlinesa de aquella época. Sin embargo, esta práctica desatendía así el importante principio de «la basura al cubo», sobre el cual se basaba un estado sostenible de limpieza pública en la ciudad de Berlín.

5. El magistrado de Berlín, que consideraba que su tarea no era disciplinar a los ciudadanos, sino más bien satisfacer sus necesidades emergentes, resolvió este conflicto incipiente fijando, junto a las papeleras destinadas a la basura no reciclable y en los mismos postes, una suerte de soporte para botellas expresamente inventado para servir a esta función, parecido a peldaños de escalera inclinados con aberturas en un ángulo propicio para recibir los envases de cerveza indeseados. En cuanto a su estética, estaba algo poco desarrollada, pero su función se ajustaba limpiamente a las demandas de la ciudadanía que buscaba expresar, por un lado, su solidaridad con los necesitados y, por otro, la de quienes aspiraban a ganarse la vida reduciendo la basura en las calles.


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